Soy de clima templado. Por debajo de 28 grados, funciono. Por encima, saco el abanico y contemplo la hoja en blanco.
No planeo demasiado. Empiezo a escribir sobre una idea y tengo la confianza de que ya encontraré el camino.
¿Orden o caos? Me da igual. Dentro del caos tengo mi propio orden. Desde fuera no se aprecia, claro.
Me gusta escribir sola, aunque rodeada de gente y con ruido de fondo.
Muchas ideas me vienen mientras estoy corriendo. A veces tengo que parar para anotarlas, lo que perjudica mi ritmo, pero favorece bastante mi carrera literaria.
Y cuando escribo y entro en mi mundo, siempre me pasa lo mismo: el tiempo desaparece. Después levanto la vista y han pasado tres horas, tengo hambre y +1000 palabras nuevas en el documento.
