Escribir es un trabajo bastante solitario.
La mayor parte del tiempo eres tú delante de una pantalla en blanco y un montón de ideas que funcionan muy bien en tu cabeza, pero al escribirlas, ya no tanto.
Pero llega la Feria del Libro y te encuentras con personas que se acercan porque la portada les ha llamado la atención. Abrazas a familiares y amigos que vienen a verte. Le pones cara a gente que lleva años leyéndote. Compartes caseta con libreros que te hacen un hueco y te hacen sentir como en casa.
“Me encanta leerte.”
“Qué ilusión verte aquí”.
“Por fin encuentro a una escritora que me engancha.”
“Gracias por sacarme siempre una sonrisa.”
No es mi primera Feria del Libro, pero esto sigue pareciéndome extraordinario. Es imposible normalizarlo. Y es poco profesional que me pase a mí, pero me quedo sin palabras.
Mi respuesta es daros las gracias a vosotros por acercaros, por llevaros mi libro, por regalarme un rato de vuestro tiempo y por estar al otro lado.








