HORÓSCOPO MARZO

Pues sí, marzo ha llegado y con ello entramos oficialmente en la cuenta atrás de los días en los que la frase más repetida es ‘Hace un año fue la última vez que _______ (inserte su frase)’. Por mi parte, hoy hace un año que me puse mis botas de pilingui por última vez :___(

Pero no quiero ponerme melancólica, porque entramos en el mes de las fresas, del cambio de hora y de la llegada de la primavera los antihistamínicos. También es el mes de las petunias y ¿sabíais que se puede saber qué nos deparará marzo según cómo han florecido las petunias? Yo tampoco, pero he hecho un curso intensivo para ser la bruja de las brujas, señora de los horóscopos y pitonisa de Palo. Así que después de pasarme una semana podando petunias y comparándolas con la disposición de los astros en el firmamento, aquí tenéis mis más que fiables conclusiones (leed cada signo aunque no sea el vuestro, ya que así podréis entender posibles conflictos entre vosotros):

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ARIES (21 de marzo al 19 de abril): no seas tan pesimista. Lo que pensabas que era tocar fondo, es en realidad lo más alto que llegarás en la vida. Acéptalo y deja de dar la lata. En el amor, esa persona especial se acercará a ti a mediados de mes, pero después te hará ghosting, como siempre.

TAURO (20 de abril al 20 de mayo): estás de suerte, Tauro. Estamos en el año chino de tu primo el buey y como ya sabemos que los chinos dominan el mundo, serán condescendientes contigo. Ganarás un sorteo en Instagram ¡Este es tu mes! Bueno, el tuyo igual no, pero es que hay muchos Tauros y no les puede ir bien a todos.

GEMINIS (21 de mayo al 21 de junio): es hora de hacer cambio de armario. Tira esos pantalones que el año pasado no te abrochaban. En el confinamiento te has dado al hidrato, así que este año, ni siquiera pasarán de tus rodillas. Es el mes de la piña para los socios del Club Carrefour. Esta fruta es muy diurética, así que no dejes escapar esta oferta.

CÁNCER (22 de junio al 22 de julio): Si te sientes apagado por dentro, no te comas una bombilla. Anímate, que este mes estás de suerte en el amor y tendrás cuatro pretendientes. Las petunias me dicen que para no hacer sufrir a ninguno, debes alternar con los cuatro, pero sé discreto, no lo cuelgues en stories.

LEO (23 de julio al 22 de agosto): ¿hace falta que vengamos las petunias y yo a recordarte que tienes que pedir cita YA en el dentista? es probable que te salga una caries. Cuidado con el azúcar y con esos kilos que has cogido. Tu pareja te dejará por gordo; si no tienes pareja, este mes tampoco la encontrarás.

VIRGO (23 de agosto al 22 de septiembre): la alineación de Júpiter sobre el eje de la Tierra hará que tus tupidas cejas se pueblen más de lo normal. Quizás sea el momento de comprarte esa gorra que siempre has querido para que te las tape. Pide cita con la esteticista.

LIBRA (23 de septiembre al 22 de octubre): te aviso de antemano: ese proyecto en el que estás tan volcado se va a retrasar por culpa de tu socio Capricornio, que este mes está de mal humor. En el amor no hay manera. Ábrete Tinder.

ESCORPIO ( 23 de octubre al 21 de noviembre): tendremos luna llena en Escorpio el día 28, lo que hará que acabes el mes con un fabuloso sentido del humor, aunque tu tendencia a hacer chistes malos se verá reducida por la influencia de Plutón. No te preocupes, eso es bueno para ti, hay demonios que es mejor mantener dentro. No te olvides de pedir cita en la pelu para darte mechas. Lo sé, ser tan guapa rubia no es fácil.

SAGITARIO ( 22 de noviembre al 21 de diciembre): las petunias están retrógradas y piden cambios en tu monótona relación. No descartes el matrimonio. Si no tienes pareja, es hora de comprarle pienso del caro a tu gato. Hacia finales de mes, empezarás a quedarte calvo. Tendrás un conflicto con los Capricornio.

CAPRICORNIO (22 de diciembre al 19 de enero): que dicen los Sagitario que sois insoportables. Tu suegra pasará por casa un par de días, lo que hará que se confirmen los pensamientos de Capricornio. Cuidado con ese proyecto que tienes con Libra, lo estás descuidando. Las petunias Los astros te llevan por el buen camino, pero eres tú el que se desvía todo el rato.

ACUARIO ( 20 de enero al 18 de febrero): cambia el cloro o Piscis morirá. Por fin tu pareja dará el paso. Será algo sencillo, saldréis del juzgado con una pulsera y la orden de alejamiento.

PISCIS (19 de febrero al 20 de marzo): de salud, te veo regular. Te tocará explicar a Acuario lo importante que es mantener una buena higiene ¡Animo!

QUERIDO DIARIO.

Me he despertado un poco revirada. Hoy hace dos meses que me comunico contigo a través del arcoíris… Sé que es tu manera de decirme que estás ahí, cuidándonos. Por cierto, no recuerdo ninguna otra época en la que viese al arcoíris tantos días seguidos. Con sus siete colores perfectamente delimitados, curvados y colocados uno encima de otro, ya sea sobre el mar, sobre el campo o en mitad del cielo… Da igual dónde, pero casi todos los días aparece para saludarme. Porque sé que me saluda A MÍ. Recuerdo el que nos mandaste el 1 de enero. Nunca lo había visto tan grande e intenso ¡además era doble! Mucho se habla de la belleza de la aurora boreal y poco de la del arcoíris. Siempre valoramos más las cosas que no tenemos.

A la vista de mi mañana convulsa, a las 11 decidí despegarme de las sábanas y salir a correr. Es la mejor medicina. El Retiro sigue cerrado por culpa de Filomena, así que me he dirigido hacia el Paseo de Pintor Rosales. Al llegar allí, me he puesto a correr sin rumbo, solo quería respirar y ahogar las penas en el aire fresco, no me gusta ahogarlas en alcohol, porque antes o después vuelven a salir a flote y con más intensidad, si cabe. De repente y no sé cómo, he llegado a uno de los accesos del Parque del Oeste ¡Pensaba que estaba mucho más lejos! De todas formas, también estaba cerrado, Filomena se ha encargado de que nos dejen sin parques una buena temporada, aunque por lo menos aquí tenemos bares, las terrazas están a tope. He bordeado un lateral del parque, subiendo por la cuesta del Paseo Moret y al llegar a la cima me ha llamado la atención el contraste entre el clásico Arco de la Victoria y la moderna Torre de Telecomunicaciones.

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Me recuerdan a la pareja formada por Nicolás Sarkozy y Carla Bruni ¡Yo que sé! Así es mi mente.

Carla Bruni and Nicolas Sarkozy spend New Year's eve in Marrakech -  Moroccan Ladies

Me he quedado parada mirando ambos monumentos unos segundos, haciéndome la interesante, pero en realidad quería disimular que se me estaba saliendo el corazón por la boca. Esa cuesta era un reflejo de mi mañana convulsa, pero las cuestas tienen fin y las mañanas también… Una vez recobrado el aliento he vuelto a casa a una velocidad bastante decente. Al llegar, mi pulsómetro decía que había corrido 11 kilómetros ¡Cómo me gusta correr con sol y frío! Estaba renovada. Si me quedaban miguitas de pena, he terminado de ahogarlas en la ducha. Hasta otro día, que sé que volverán, pero hoy ya no.

A mediodía, había quedado para comer en casa de Lucía y Diego, que también invitaron a un amigo suyo, sueco; yo creo que la intención era emparejarlo con alguien. Antes de comer, el sueco sacó una botella ENORME de un brebaje típico sueco. Empezó a servir dicho brebaje en vasitos de chupito. Yo le dije que si estaba loco, que todavía estaba digiriendo las tostadas que me había zampado después de correr. Diego, Lucía y el amigo sueco se tomaron un par de chupitos mientras el instigador del piripismo recitaba un poema en un idioma incompresible. Nos contó que era un ritual sueco que se canta en los eventos especiales, como cuando alguien se compromete o cuando Ikea lanza un nuevo mueble, supongo.

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No alargamos mucho la sobremesa porque todos los comensales excepto yo, estaban del revés estábamos en la terraza y empezaba a refrescar, así que decidimos bajar a dar un paseo por el Barrio de las Letras. Me encanta esa zona. Aunque había bastante gente, conseguimos mesa en una terraza, frente a un edificio que me gustó mucho “Podría ser de Gaudí”, dije aun a riesgo de sonar pedante delante de mis amistades. Me pedí un café con Baileys porque soy una señora y dejé que la humeante taza calentase mis manos, mientras imaginábamos los futuros viajes que queremos hacer ‘cuando todo esto pase’. Yo comento que quiero ir a Canadá, pero en esa mesa todos tienen otras prioridades… Excepto el sueco, que me dice que se viene conmigo. Yo me hago la sueca lo regateo diciéndole que iré con mi familia. No me gustan los rubios tan rubios.

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Al terminar nuestras bebidas y sueños, retomamos el paseo y vagamos sin rumbo durante media hora, hasta que sin darnos cuenta llegamos a San Ginés. Todos los años yo digo que mi flor favorita de San Valentín son los churros. Y no sé si llegar hasta ahí ha sido por accidente o fruto del destino, pero me siento en la obligación de romper la promesa de cuidar mi alimentación. Entro en la mítica chocolatería y me pido un chocolate y media docena de churros para llevar, porque ¿qué día es hoy? No puede ser casualidad. 

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Al llegar a casa veo que me han puesto un churro de más, así que ceno siete churros, como los colores del arcoíris y un tazón de chocolate. Los saboreo lentamente mientras miro el jarrón de la mesa de centro. Ya va tocando comprar flores nuevas, me apetecen hortensias.

UN SEÑOR TRANQUILO.

Al señor tranquilo nada le alteraba. Era apático y sosegado. La monotonía se había adueñado de su vida y se pasaba los días bostezando, hasta que llegó un punto en el que su boca, que ya estaba dada de sí, se convirtió en un agujero negro. Se dio cuenta leyendo el periódico. Las noticias le parecían tediosas y los discursos de los políticos eran como somníferos para su mente. Al empezar a bostezar, el periódico entró en su boca hoja a hoja, como si su campanilla fuese un imán. Pero al llegar ahí, las hojas seguían por el canal de su esófago hasta llegar a su estómago.

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El señor bostezaba para cruzar la calle cuando tenía prisa y el semáforo estaba en rojo. Los coches se le acercaban a toda velocidad y le hacían luces para que se apartase, entonces la boca del señor se transformaba en un túnel.

Si empezaba a llover, en vez de abrir un paraguas, el señor tranquilo abría la boca y bostezaba. Nada más entrar en el agujero negro, las gotas de lluvia se convertían en estrellas fugaces. Esos pequeños meteoritos luminosos morían en su estómago, lo cual le provocaba ardor, pero prefería eso antes que mojarse el peluquín color espagueti integral.

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En otra época, el señor tranquilo contrajo nupcias con una bella señora cumulonímbica. Estaban muy enamorados, pero el paso del tiempo había hecho de su matrimonio algo monótono. Un día, mientras dormían en su cama rellena de nubes de algodón, el señor bostezó y engulló a su esposa. Se le quedó un trozo de camisón enganchado entre los maxilares y lo guardó en un cajón, de recuerdo. Lo mismo sucedió cuando intentó mantener otras relaciones. Él engullía a sus presas parejas en cuanto la monotonía acechaba, así que al final decidió quedarse solo. Tenía mucha riqueza interior.

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Más de lo mismo ocurrió con sus jefes; bostezaba cuando le llamaban al orden o cuando le recriminaban por la tardanza en la entrega de algún proyecto. Sus superiores eran engullidos por el agujero negro, dejando el puesto vacante para otro candidato. El último jefe le gustaba mucho, pero una mañana en la que el señor tranquilo había dormido mal, bostezó y el jefe bueno desapareció. Esa vez intentó vomitarlo en la papelera del despacho, pero lo único que consiguió fue engullirla también haciendo que su jefe, que estaba atascado en el esófago, recibiese un papelerazo y le saliese un chichón. Del impacto, al señor tranquilo se le cayó el peluquín. Menos mal que estaba solo.

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Bostezaba en el fútbol cuando su equipo no se movía. Había bastante distancia entre su asiento y el terreno de juego, por lo que aun no había conseguido engullir a los jugadores vagos. Peor suerte corrió el árbitro en el último partido, se acercó demasiado a la banda y fue engullido por el señor tranquilo cuando pitó un fuera de juego nada claro. A partir de ahí, fue un señor tranquilo con voz de pito.

Una vez que le intentaron atracar, el señor tranquilo también bostezó y no solo absorbió al ladrón, sino que también se llevó consigo el botín que el caco acababa de robar en un banco: mil kilos de garbanzos y cuatro millones de papeles reciclados sin marcar.

El señor tranquilo era imbatible.

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EL DÍA QUE FUI INVENTORA.

Había ascensor, pero yo siempre subía por las escaleras. Mi edificio era antiguo y oscuro. Por esa razón, muchas veces confundía el interruptor de la luz con el timbre del vecino. Ambos botones eran de un color grisáceo, supongo que algún día fueron blancos. El de la luz tenía un dibujo con una bombilla, que en teoría lo diferenciaba del otro, que tenía un timbre, pero el paso de los años había emborronado ambos dibujos haciendo que no se distinguiese el uno del otro.

La Biblioteca de Bella: marzo 2015

Ese día yo llegaba cargada de bolsas del supermercado. Estaba emocionada porque iba a celebrar mi cumpleaños por la noche. Había comprado todo tipo de bebidas y decoraciones. La comida la había encargado en un restaurante gallego que había debajo de casa: tortilla de Betanzos, empanada, pulpo, pimientos de Padrón y pan, mucho pan (la persona que inició la cruzada contra el pan, no ha probado un buen pan gallego).

Solté las bolsas en el suelo del descansillo y mientras revolvía en mi bolso de Mary Poppins buscando las llaves, pulsé uno de los interruptores de la pared… ¡Error! Un gran ¡DING DONG! retumbó dentro de la casa de mi vecino Jose Luis, que era un señor que tenía un diente de oro y una edad indeterminada que rondaba la franja entre los 70 años y la edad del sol. Rápidamente, pulsé el otro interruptor y se hizo la luz. Seguí revolviendo nerviosa en mi bolso. Encontré un ticket de Zara, un paquete de Smint, horquillas,  un cleenex usado y mi cacao favorito, que pensaba que había perdido el fin de semana en el cuarto de baño de un bar de Malasaña, hasta que por fin sentí el suave terciopelo del llavero que me habían regalado en una tienda del barrio de Salamanca, cuando me compré las zapatillas que llevaba puestas. Tiré del llavero y salieron mis llaves. Mi cara de triunfo no duró ni dos segundos; de repente se abrió la puerta del vecino, que asomó su cabeza – Perdone, Jose Luis, soy un desastre, pero vengo con tantas bolsas que no he acertado con el interruptor… – Dije mientras señalaba las bolsas por las que solo asomaban unas botellas delatoras de mis intenciones. Mi capacidad de reacción en ese momento era la misma que la de un cervatillo asustado: me quedé quieta, mirando con los ojos muy abiertos a mi vecino hasta que este actuó.

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Jose Luis, miró mis bolsas sin interés, negó con la cabeza y cerró la puerta sin decir nada. A mí me inundó un sentimiento de culpabilidad, no por el hecho de haber llamado – otra vez – a su timbre, sino por la noche que se le avecinaba al pobre hombre al que, en el fondo, tenía cariño. Nunca había habido conflictos por mis fiestas, Jose Luis estaba medio sordo las paredes eran robustas. Pero lo que me preocupaba era que, igual que yo me confundía el interruptor de la luz con su timbre, a cualquiera de mis poco cuerdos invitados podría pasarle lo mismo.

Abrí torpemente la puerta de casa y me dispuse a colocar cada cosa en su sitio. Colgué guirnaldas por las paredes, hinché muchos globos, probé que la música funcionase… A las 18:00 me trajeron la comida que había encargado. La coloqué en varias fuentes y la puse en la mesa del comedor, que había pegado contra la pared para que la gente se sirviese a modo buffet. 

El timbre de Jose Luis seguía rondando por mi cabeza. De repente, mientras colgaba la última guirnalda, pegándola con cinta aislante en una pared, me quedé mirando fijamente el rollo adhesivo y se me ocurrió una idea. Salí al descansillo y con cuidado, pegué el timbre de Jose Luis con la cinta aislante, de manera que no pudiese pulsarse. Nunca había visto a nadie visitando a mi vecino, así que no iba a suponer ningún problema bloquear ese botón por unas horas. Al revés, me estaba ahorrando a mí  misma sufrir dos contratiempos en el mismo día con él. También hice una flecha con la cinta aislante señalando el interruptor de la luz y recorté un folio con forma de bombilla para pegarlo encima. Miré orgullosa mi obra y me sentí una inventora a la altura de Thomas Edison o Graham Bell.

Sobre las 19:30 empezaron a llegar los primeros invitados. El punto álgido de la fiesta fue a las 22:00, cuando sacaron una tarta de galletas y chocolate y me cantaron el Cumpleaños Feliz. Después, continuamos con las copas y algún baile que otro, creo que nunca llegamos a estar todos los invitados a la vez en casa, ya que mis amigas, las madres, fueron las primeras en llegar, pero también las primeras en irse y mis amigos, los fiesteros, llegaron más tarde y un poco achispados. 

Pasada la medianoche decidimos irnos a una discoteca. Mientras la gente llamaba a los taxis e iba bajando al portal, yo me quedé con dos amigas poniendo un poco de orden en casa. No quería despertarme al día siguiente en la jungla. Dejamos el salón y la cocina medianamente presentable y salimos de casa con cuatro bolsas de basura. Le di al interruptor de la luz para poder cerrar con llave y cuando se iluminó el descansillo, vi que el timbre del vecino estaba intacto, la cinta aislante seguía tan tensa como la había dejado yo esa tarde. Poco a poco despegué la cinta del timbre, pero dejé la pegatina de la bombilla en el otro interruptor y nos fuimos. 

Gracias a mi invento, no volví a molestar a Jose Luis pulsando el botón que no era. Cuando años más tarde dejé el piso, la pegatina de la bombilla también la dejé ahí con la intención de que los nuevos vecinos de Jose Luis no alterasen su descanso.

Hace un par de meses, me crucé con Jose Luis por la calle. Le costó reconocerme por culpa de la mascarilla, pero en cuanto le dije que era Paloma, ‘la que se confundía con su timbre’, intuí por sus ojos que debajo de esa FFP2 se había dibujado una sonrisa. Me dijo que ahora en mi casa vivía un matrimonio con un bebé y que me echaba de menos porque el bebé lloraba siempre en el descansillo y eso le molestaba más que mis errores con su timbre – José Luis, lo que usted echa de menos no es a mí ¡es mi silencio! – Me guiñó un ojo y cada uno seguimos nuestro camino.

Mi lista de libros 2020

Cuando alguien me pide que le recomiende un libro, siempre respondo que recomendar un libro es cómo recomendar un novio: elijo mal lo que a mí me gusta no tiene por qué gustarte a ti y viceversa.

En este 2020 me han acompañado 19 novios libros y como mis queridos fanes me pedís constantemente recomendaciones, se me ha ocurrido que, a falta de pocos días para que acabe el año, os dejo por aquí una lista con los libros que más me han gustado. Está hecha por orden cronológico de lectura. La lista probablemente sea bastante imperfecta, es lo que hay, no soy premio Nobel de nada.

El farmaceútuco de Auswitz: empecé 2020 con un libro de una temática dura y densa, premonición de lo que nos esperaba. No puedo decir que un libro en el que cuentan las barbaridades que sucedían en Auswitz me gustase. Terminas cada capítulo con tristeza. Aun así, recomiendo enfrentarse a esta lectura; me parece interesante conocer el punto de vista de una persona que trabajaba para los nazis. Aunque leerlo en medio de una pandemia mundial no sé si es lo más recomendable. Yo aviso, después que cada uno haga lo que vea.

Gente normal, Sally Rooney: llevaba bastante tiempo escuchando hablar sobre esta autora; en las críticas dicen que sabe retratar muy bien las relaciones de hoy en día. Este libro trata sobre cómo dos personas que no saben querer, intentan quererse. Sin cursiladas. En ese sentido yo no me he sentido identificada (será porque yo sé querer muy bien y muy bonito), pero sí que he conocido a gente con ese ‘problema’. Me entretuvo entre normal y bastante.

Open: Memorias de Andre Agassi: muchas veces lo importante no es tanto el libro, sino el momento en el que lo lees. Empecé este libro en el confinamiento y Agassi comineza su autobiografía contando como durante toda su vida se ha sentido confinado (utiliza esa palabra) en una pista de tenis. Me gustó mucho. Lo recomiendo aunque no seas aficionado al tenis.

La Saga de Los Robots, de Isaac Asimov: aquí hago un poco de trampa porque no estoy recomendando solo un libro, si no cuatro (yo me he leído tres este año). Es novela policiaca de ciencia ficción. Puede sonar un poco bastante friki y efectivamente, lo es. Entre otras cosas me ha gustado aprender las tres leyes de la robótica. Tengo el cuarto libro de la saga esperando a ser devorado en 2021. Soy ese tipo de persona a la que le divierten estas cosas, no me escondo.

La chica del cumpleaños, Murakami: me lo compré por la portada porque gasto compulsivamente en libros. Reconozco que no todos los libros de Murakami son para mí, a veces se me hacen demasiado densos, pero este cuento me entretuvo y me lo leí en 30 minutos.

La chica de nieve, Javier Castillo: Nada como sentarse en invierno delante de un ventanal con un té, una manta y una novela negra de más de 500 páginas. Javier Castillo es acierto seguro.

Historia de un éxito: Mercadona: me chifló. El libro cuenta cómo el polémico Juan Roig construyó el imperio Mercadona; experiencias, metodología de trabajo en la empresa y estrategias del negocio. La única pega es que el libro no está actualizado (se escribió en 2014). Estoy buscando otros libros de este estilo ¡Recomendadme abajo si conocéis alguno!

Diarios, de Iñaki Uriarte: recopilación de artículos escritos por Iñaki Uriarte. Ojalá vivir como escribe este señor, porque una se cree que no escribe mal (a veces te crees que lo haces bien) hasta que te encuentras con estos diarios. Me gustan tanto que cuando no estoy sembrada, releo páginas aleatoriamente para inspirarme sembrarme.

El viejo y el mar, Ernest Heminway: ya lo sé, llego tarde. Me lo leí del tirón y me quedo con esta frase: “nadie debería estar solo en la vejez“. Un clásico.

La Nena, Carmen Mola: Es la última parte de la trilogía de Carmen Mola. Ojo almas sensibles, porque es un libro bastante sangriento y explícito, tipo las películas de Tarantino. Aunque yo soy muy aprehensiva y me chifla Tarantino. Lo mismo me ha pasado con esta novela negra.

A propósito de nada: Woody Allen: de esta autobiografía destacaría la primera mitad del libro, en donde Woody Allen intercala historias sobre cómo comenzó a hacerse hueco en el mundo del periodismo y el cine, con anécdotas sobre su vida en un Manhattan mágico. La segunda mitad del libro se centra demasiado en el triángulo amoroso entre su mujer actual, Soon-Yi, su ex, Mía Farrow y él; eso acabó cansándome (de hecho no me lo he terminado), pero lo pongo en mi lista de favoritos porque tiene bastantes frases para subrayar (obvio Palo, es Woody Allen).

La Psicóloga: si os gusta la novela negra tanto como a mí, este libro me enganchó de principio a fin, amenizando mis tardes veraniegas.

El arte de no amargarse la vida, Rafael Santandreu: está el mundo insistente con Rafael Santandreu y al final hice caso al mundo. Es un libro de lo que ahora llaman ‘desarrollo personal’, que hace reflexionar y darle a los pequeños problemas la importancia justa. Me parece un libro indispensable para gente tremendista, aunque todo el mundo sacará cosas buenas de esta lectura.

Superviviente, Paquita Salas: A ver cómo explico yo esto después de tanto Heminway y tanto crecimiento personal… Bueno, pues sí, me compré este libro por la serie ¿Que si el libro es una tontería? EVIDENTEMENTE. Fácil de leer por sus pildoritas graciosas, tampoco esperaba más. Hay épocas en las que me cuesta concentrarme en cosas demasiado profundas o que antes de dormir necesito leer algo que me haga reír, sin pensar más allá. Ahora estoy en ese punto.

Como veis, mi celebro rubio goza de un amplio espectro de estímulos culturales. Esta lista es vuestra, así que compartidla, comentadla y sugeridme otras cosas que me puedan gustar.

Besis!