ODA A MI GOMA DEL PELO.

Sin ti, niña despeinada.

Te quiero para hacer deporte, para lavarme la cara, para tomar el sol y para sentirme pibón. Hay moños que hacen más que ocho horas de sueño.

Aunque me llamo Paloma, no soy de goma. De estirar poco. Mi flexibilidad se limita a darte dos vueltas alrededor de mi pelo.

Siempre estás en mi muñeca, tapando lo bonita y delgada que es. Todo el día ahí, sin hacer nada.

Hasta que te necesito.

Entonces desapareces y tengo que sujetarme el pelo con una mano y lavarme la cara con la otra.

Oh, goma del pelo. Tan elástica, tan poco compromiso.