Hace unos meses escribí un tuit que a muchos señores no les hizo p*** gracia causó muchas impresiones:
Mis amigas madres dicen que sus hijos están indomables con ‘los terribles 2 años’. Me parecen más indomables los señores que se encuentran en los terribles TREINTAYTANTOS con los que tengo que lidiar yo.
La mayoría de la gente (señoras) me dijo: «Pues es verdad. Además, a los niños puedes castigarles o darles una bofetada (OJO PROTECTOR DEL MENOR), pero a los señores de TREINTAYTANTOS no». Esta afirmación la comparto a medias y a los hechos me remito: hace cuatro meses mucho tiempo a un señor yo no le pegué, pero sí que le derramé una cerveza por la cabeza (que no salten las alarmas, era Cruzcampo, no desperdiciaría una Estrella Galicia en ese menester). Y sí, lo hice con premeditación y alevosía porque el sujeto se lo merecía (tengo testigos que lo pueden corroborar). Creo que fue la única vez que ‘agredí’ a una persona; normalmente, castigar con el látigo de mi indiferencia es suficiente.
Y es que los terribles TREINTAYTANTOS tienen tela ¿Cuánto duran los terribles dos de un niño? ¿Un año? ¿año y medio? Pero es que los terribles treintaytantos duran COMO MÍNIMO ¡¡una década!! Y ojo, porque cumplir 40 no exime al sujeto de esta pandemia que puede ser crónica, es decir, que aunque tengas 48 primaveras, puedes estar contaminado. Al contrario de lo que está sucediendo con el coronavirus, que enseguida se activan protocolos de emergencia y te encierran 14 días en salas de aislamiento para evitar el contagio, durante los Terribles Thirties, TÚ, desgraciao, puedes seguir por ahí suelto haciendo el mal.
Conclusión: mientras esta epidemia no se erradique, tendremos que seguir aposentadas en nuestro trono de terciopelo granate, como Maria Antonieta, descartando candidatos con nuestro látigo abanico de perlas engastadas.
P.D.: que un señor porte anillo en el dedo anular, no le exime de ser un atolondrado padecer Los Terribles TREINTAYTANTOS. Ese anillo no es un escudo ni una vacuna, os advierto.
P.D.2: Después de compartir esta cavilación con amigos varones, confirmamos que los TERRIBLES TREINTAYTANTOS son aplicables tanto a señores como a señoras (señorxs). Aquí nadie se libra ¡ESTAMOS TODES LOQUES!
1.El azúcar es malo, puedes tomarlo de vez en cuando en pequeñas dosis, pero sin abusar, así que no seas rata y comparte el postre. Bebe mucha agua. Una caña fría y bien tirada es medicinal.
2. Todo el mundo debería tener un buen libro en su mesilla de noche, un saco de semillas para calentarlo en el microondas y abrazarlo cuando tenga frío (soy una abuela) y cuenta en Netflix. Esa es la mejor manera de superar una larga, fría y solitaria noche Eso es un planazo.
3. La vida es difícil, dura e irracional. No intentes buscarle el porqué a las cosas malas que te suceden. Afróntalas, llora si tienes que llorar y continúa; lo estás haciendo bien.
4. La vida es maravillosa, estupenda y fantástica. Aprovecha al máximo los pequeños momentos de felicidad que te regala cada día. Ya sea una puesta de sol (en Bali), ver que los números de la báscula han bajado no han subido (tanto como pensabas) después de Navidades o el olor a pan recién hecho al pasar por una panadería.
5. Recuerda que un plátano pegado a una pared puede ser una obra de arte y venderse por 120.000 $. Dale una vuelta a esa idea que lleva meses rondándote en la cabeza.
5. No culpes a la Navidad, estás gordito desde verano.
6. La infusión de jengibre y cúrcuma de Pompadour puede salvarte de un resfriado, una mala digestión, la resaca la muerte en cualquier momento.
6. Si no te lo ha diagnosticado un médico, probablemente no seas intolerante al gluten. Es normal que te sientas ‘raro’ después de engullir tomarte tres platos de pasta con ocho rebanadas pan. Te pasaría lo mismo si te comieses cuatro platos de judías.
7. No tengas una relación por aburrimiento. No pasa nada por estar sola, ir al cine sola, desayunar sola o dar un paseo sola. Pero nunca descuides tu vida social ni a tus amigos. Cuídalos siempre.
8. Si alguien te pide un favor, intenta hacérselo; si te resulta imposible, no pasa nada.
9. Esto es muy típico, pero a veces hay que recordarlo: no esperes que el de enfrente actúe como tú lo harías. Cada persona es un mundo. Si un amigo te decepciona, busca en esa persona otras cosas que te pueda aportar, si no te aporta nada, UNFOLLOW. La vida es así
9. Deja de intentarlo, la leche bebida de avena no está buena.
10. La leche bebida de avellanas está buenísima.
11. El bálsamo desmaquillante de camomila de The Body Shop. También sirve para ojos. Bueno (buenísimo), bonito y barato (14 euros).
11. Nunca subestimes el poder de un vestido de flores. Con un vestido floreado puedes ir a la playa, a una comida formal a casa de tus suegros, a un bautizo o a pasear por delante del trabajo de tu fiche, a ver si DE CASUALIDAD os encontráis.
12. Haz como si no hubiera wifi en el metro, avión o autobús (total, nunca funciona bien) y lleva siempre un libro contigo.
13. El día que estés agobiado y no sepas la razón, ordena tu armario, responde a todos tus emails y acuéstate pronto. Al día siguiente te levantarás como si te hubieses aplicado una mascarilla de polvo de cuerno de unicornio en el cerebro.
14. La anestesia general es tu amiga. Duérmete pensando en una playa paradisíaca. Te enfadarás con la enfermera cuando te despierte saque del paraíso.
14. Las cosas pueden cambiar radicalmente en cualquier momento. Para bien y para mal. Un día puedes acabar durmiendo a 600 km de dónde habías previsto. Esto también sucede con las personas. Hoy puedes conocer a alguien que le dé un vuelco a tu vida.
15. Decir que trabajas mucho y que no tienes tiempo para nada no es guay, es una putada faena.
16. La letra de la canción Las Chicas Rubias de Serrano de Los Lagos de Hinault, refleja la realidad de la vida.
17. Hago las tortillas francesas más bonitas del mundo Cómprate una buena sartén cuando te independices.
18. He numerado mal los párrafos porque me salían más de 19 puntos.
Diciembre es como un año entero comprimido en un mes: viajas, comes, quieres, bebes y compras más que todo el año. Me gusta diciembre y me gusta la Navidad. Soy de esas personas que disfrutan con el pack completo: regalos, vacaciones, comidas, luces, villancicos, Reyes Magos, quedarme en casa tumbada en el sofá con las mismas películas cada año (¡Solo en casa!), amigo invisible, purpurina… Todo me parece un planazo.
Y como también me encanta gastar comprar, en mi primer post del mes he decidido dejaros una lista con ideas de regalos para vuestros compromisos seres queridos. Yo siempre a disposición de mis lectores #denada:
Para tu amiga, que es un desastre y nunca lleva paraguas:
Los sombreritos para la lluvia de & other Stories me parecen un regalo genial para el amigo invisible, por ejemplo. A la mía le va a caer, os lo cuento porque esa señora no me quiere lee (a quién le toque regalarme a mí, que no me lo compre porque ya lo tengo, sorry).
Para tu hermano, que es muy cinéfilo y le gusta leer:
Este libro sobre Quentin Tarantino ¿hay un regalo más apropiado? Yo creo que no. Lo he visto en Urban Outfitters:
Para tu novia, que es muy rubia, tiene un blog y te ha pedido la luna 😉
Este regalo es súper especial. Albarari es un ‘glamping’ exclusivo; desde sus tiendas de campaña, habitaciones burbujas transparentes puedes ver las estrellas con todas las comodidades. Tienen burbujas en La Coruña y en SangenjoSanxenxo y además, mi amiga @anapolitan está sorteando en su cuenta de Instagram una noche en una de estas burbujas. Yo no lo dudaba.
Para tu prima, que es muy pija y le gusta dormir guapa
Para tu compañero de trabajo, que siempre en Navidades se lo bebe todo:
Que se deje guiar por la Estrella de Navidad, como los Reyes Magos.
Para ese bebé que te gusta porque no es tuyo:
Peluche de erizo y sonajero, de Zara Home.
Para tu novio, que es muy guapo y tiene un Iphone:
Nomad diseña todo tipo de accesorios para Iphone y Mac. Creación artesana y piel de calidad. El complemento perfecto para cualquier amante elegante de la tecnología. Echad un vistazo a su web.
Para tu compañero de piso, que es eco y fan de Greta Thunberg.
Desde que vi la imagen de una tortuga con los orificios de la nariz taponados con una pajita (no voy a poner la imagen porque es desagradable), decidí no utilizar ni una pajita de plástico más y me compré en Zara Home unas de metal muy molonas. He investigado y también tienen estas de cristal. Traen un cepillito para poder lavarlas bien y ni se deshacen, ni cambian el sabor de la bebida.
((Aprovecho esta plataforma para suplicar a los bares que retiren, eliminen, exterminen las pajitas de cartón de su vajilla; se deshacen antes de que pruebes la bebida (normalmente un rico cóctel) y dejan mal sabor ¿La solución? Pues no lo sé. Yo no puedo ayudaros en todo, pero desde luego el cartón NO)).
Para tu hermana, que es deportista y se hidrata:
Esta botella es bárbara para llevar a spinning, al gimnasio o para hacer botellón a dar un paseo. Se puede abrir con una sola mano; los que somos deportistas lo agradecemos.
Para tu madre, que además de buen gusto, tiene buen olfato:
Una buena vela siempre es un acierto. Con el boom del mindfullness, se ven velas por todas partes. Dyptique tiene varias que me encantan, Jo Malone, también. Últimamente soy adicta a las de la firma sueca Byredo.
Para tu padre, que jugaba al tenis… O no:
Yo no me lo he leído, pero después de escuchar su recomendación en varios de los Podcast de Javier Aznar, pongo en mi carta a los Reyes Magos la biografía de Andre Agassi. Tomen nota, Majestades.
– «Leonor! El 24 de noviembre hay una media maratón en San Sebastián, ¿nos apuntamos?» – «Venga«
Así fue cómo una vez más, Leo y yo decidimos hacer las maletas e irnos a conquistar territorio. Eran 640 km de viaje + 21,097 km de carrera ¡Casi na! Teníamos 6 semanas por delante para entrenar y preparar, la que ya sería mi quinta media maratón, que ahora me imponía tanto como la primera ¿La razón? Pues que hace seis meses, la señora que aquí redacta estaba en un quirófano y pesaba 40 kilos. Hacer esta carrera era mi forma de celebrar que estoy muy bien (MUY BIEN) y de demostrarme a mí misma que vuelvo a ser la de antes. Era un reto.
Fuimos cumpliendo los entrenamientos como pudimos. El tiempo gallego no ayudó. Mucha lluvia torrencial, alertas naranjas y más días encerradas en el gimnasio de lo que nos gustaría. «En Galicia siempre llueve», «In Galicii siimpri lliivi»
Amanecimos en San Sebastián el día previo a la Media Maratón con rachas de viento de 90 km/h 🙂
Las inclemencias meteorológicas nos recordaban a la famosa Vig-Bay (Media maratón Vigo – Bayona) que hicimos hace ya tres años y que os conté aquí. Se ve que para nosotras el refranero popular tiene que cambiar: «Al mal tiempo, buena cara MEDIA MARATÓN«. Ser las ciclogénesis explosivas del running es duro.
Fuimos a dar un paseo por ‘Sanse’ y cuando llegamos a la playa de la Concha de su madre una ráfaga de viento me elevó y tuve que agarrarme a una farola. También vimos cómo se caía el tejadillo de una obra, había paraguas doblados por todas las esquinas y las motos aparcadas en el Paseo Marítimo estaban en el suelo tiradas «¡Enhorabuena, gordos de San Sebastián, sois los únicos a los que hoy el viento no transportará a su antojo!». La risa floja nos acompañó durante todo el día»¿Qué vamos a hacer mañana?¿Por qué estamos aquí? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos? Quiero vino».
Y llegó el día.
Hicimos nuestro ritual de carreras: desayunar, doparnos engullir 5 cafés y ponernos nuestras mejores galas.
“Nuestras mejores galas”
Nos situamos casi en primera fila en el cajón de salida, chocamos las cinco y 3,2,1, ¡PUM! ¡Empezamos! Si metéis en un bote mariposas en el estómago + tembleque de piernas + la ilusión de un niño en la Noche de Reyes y lo agitáis, aparezco yo cuando empiezo una carrera. No importa la distancia que vaya a hacer, la sensación es siempre la misma.
San Sebastián es una ciudad preciosa, todos lo sabemos, pero disfrutarla corriendo es otra historia. Al principio nos acompañó una llovizna ligera, pero ni rastro de viento. Nada más empezar nos cruzamos con los padres que habían salido antes e iban corriendo y empujando la silla de ruedas de niños con algún tipo de minusvalía. Se me empañaron los ojos de lo bonito; al contrario que en mi vida en general, en las carreras soy una señora con las emociones a flor de piel. Entre los kilómetros 4 y 6 descubrí unos palacetes que eran una fantasía; cruzando el puente de Zurriola miré al mar, respiré y me sentí como en casa. El pulsómetro me avisó de que llevaba un ritmo por debajo de 5:00 «Relájate, señora, que estamos empezando. Anda, como se parece este chico a Jorge Lorenzo, voy a adelantarlo ¿será él? No, ayer vi en Instagram que está en Bali. Y yo aquí, mojada«. Al aflojar el ritmo, las pulsaciones también bajaron, eso era bueno. En el km 11 la cabeza empezó a tomarme el pelo: «Pero qué larga es la Playa de la Concha de su madre. TODAVÍA te faltan 10 km, imagínate que ahora te da un tarantantán por el esfuerzo». En este tipo de carreras me encanta observar todo lo que pasa a mi alrededor, así fue como vi a unas chicas con un cartel que ponía «RUN FIRST, BEER LATER«. Me dio la risa y pensé: «Ya llevas más de la mitad. Esto está hecho. Vamos a adelantar a este gorditode amarillo #quetepillo ¡Sigo!». También me encantó ver desde la distancia el famoso Peine del Viento; el sábado no habíamos podido ni acercarnos por culpa del temporal.
Mis piernas y pulmones respondían perfectamente, pero la cabeza volvió a hacer de las suyas en el kilómetro 14 (rotonda de la Plaza de Europa, lo recuerdo) en dónde yo pensaba que daríamos la vuelta y desharíamos el camino andado corrido nuevamente por Avda. de Tolosa, volviendo a pasar por la Concha de su madre, pero no, todavía faltaba kilómetro y medio para dar la vuelta ‘Mira como te observa ese perro desde la acera, seguro que piensa que estáis todos chalados, pues tiene razón. Y ¿qué haces corriendo al lado de esta chica gacela de piernas largas? Te estás pasando‘. Me habían avisado de que ese tramo era duro porque era bastante feo había un par de cuestas y eso me condicionó. Sin embargo, llegué a la primera cuesta y mis piernas respondieron perfectamente, incluso adelanté a personas, lo que me hizo venirme arriba (nunca mejor dicho) y ganar seguridad ‘no seas pringada, tú puedes’. Media vuelta, ahora sí, volvimos sobre nuestros pasos nuestras zancadas por la playa de la Concha y al llegar a la C/ San Martín pasamos por el restaurante Narru, dónde habíamos cenado genial la noche anterior; estaba convencida de que el postre de chocolate me había dado fuerzas ¡Ya estaba en el kilómetro 18! Último empujón: ‘Vamos a terminar dignamente ¡piensa en la comida que te espera después en el Restaurante de Arguiñano!‘. Aunque las fuerzas caían, la gente te llevaba con gritos de ‘¡Aúpa!’, niños que te chocaban los 5 y hasta un par de chicos muy guapos haciendo fotos ‘Sonríe‘. Mire el pulsómetro: llevaba corriendo 1h 38’. ‘Leo estará llegando, qué crack y qué suerte‘ (efectivamente, la tía había llegado en 1h 36’). No me quedaba nada, dejé de sonreír a los vascos guapos mirar el paisaje y me centré en no bajar el ritmo. Entré en el velódromo y vi al otro lado el arco de meta: «Es tuyo, lo tienes«, esta vez no exprimí al final para rascar segundos, simplemente levanté los brazos y crucé el arco con una sonrisa de oreja a oreja. Había igualado mi mejor marca personal. Ahora sí que volvía a ser la de antes (pero en versión mejorada). Si hace seis meses, que no podía subir dos escaleras sin fatigarme, me llegan a decir que hoy iba a estar recibiendo mi medalla, os mandaría a tomar por culo paseo.
Como siempre he dicho, correr es un regalo. Hay momentos en los que se sufre, pero la satisfacción personal que se siente al cruzar el arco de meta es la mejor recompensa por el esfuerzo realizado. Y si los vascos nacen dónde quieren, las gallegas corremos dónde nos lo proponemos ¿Dónde hacemos la siguiente, Leo?