COSAS QUE PUEDES PERDER EN UNA MUDANZA

Yo pensaba que una mudanza consistía en meter cosas en cajas, trasladarlas y volver a sacarlas. Qué ingenuidad la mía.

Mudarse es una experiencia muy bonita cuando te la cuentan. Después la haces tú y entiendes que es un proceso de pérdida en el que Houdini se cuela en tu casa y hace su magia. Tú no le has invitado, pero se ve que tiene llaves.

Empiezas por no encontrar los auriculares y piensas ‘Ya aparecerán’. Puedes vivir sin ellos. Pero después desaparecen las tijeras; ahí ya no puedes esperar a que aparezcan porque necesitas abrir cajas. Decides utilizar las uñas y te cargas tu recién estrenada manicura. Ahí te acuerdas de Houdini y de toda su familia.

Pero ojo, porque el asunto se puede poner más interesante. Desaparece tu ejemplar de La Odisea. Ese que nunca leíste ni pensabas hacerlo, pero que le daba un aire intelectual a la librería. Desaparece el jersey que no te gustaba nada de tu marido ¿Tu marido también ha desaparecido? ¿Habrá ido a por tabaco? 

Desaparece el cargador del cepillo eléctrico. Solo el cargador. El mando del garaje. Los antihistamínicos, y estamos en primavera. Tu bolígrafo preferido, que escribe mejor que todos los bolígrafos del mundo. Houdini, tenemos que hablar.

En algún punto empiezan a desaparecer cosas abstractas, como las ganas de vivir. Las pierdes al tercer día o así, cuando te agachas a dejar una caja y tienes que levantarte a cámara lenta, sujetándote los lumbares.

La noción del tiempo también se esfuma; siempre piensas que en un fin de semana estará todo hecho. Un mes después, abres un armario y te encuentras con la mirada de una caja en la que pone ‘Invierno’.

La dignidad tarda en desaparecer entre 5 y 7 días. Depende de la batería que le quede al cepillo de dientes eléctrico.

Y nunca está claro de quién es la culpa. Puede ser tuya. O de tu marido (si sigue localizable). O de los de la mudanza. O puede ser de Houdini, que está debajo de la cama escuchando un podcast con sus auriculares nuevos.

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