Leer no te hace mejor persona, pero te afila el cerebro.

María Pombo ha dicho lo que muchos piensan en silencio: “no sois mejores porque os guste leer. Hay que superarlo”. Inmediatamente, esos que llevan una novela bajo el brazo como si fuese un trofeo de superioridad cultural, escupieron en RRSS toda su indignación.

La frase tiene trampa. Abrir un libro no te convierte en un ser superior, del mismo modo que hacer deporte no te convierte en Gisele Bündchen ni beber whisky a palo seco te da la voz de Mick Jagger. Leer tampoco te vacuna contra el mal humor mañanero ni te salva de una resaca. Todos conocemos gente que presume de clásicos en su mesilla y aun así, es insoportable en una cena.

Pero tampoco hay que caer en la trampa contraria. Leer no te hace mejor persona, pero sí te da cierta ventaja competitiva. A mí me ha dado armas: palabras para explicar lo que pienso, recursos para comunicarme, más mundo dentro de mi cabeza. Y cuando esa munición falta, se nota: no es lo mismo discutir contra un diccionario que contra dos emoticonos.

Y esto no significa que haya que leer por obligación para ser más ‘culto’; esa es la manera más rápida de odiar los libros. La clave está en encontrar tu propio placer lector (novela negra, biografías, ciencia ficción, relatos cortos) y engancharte de tal manera que no quieras que el libro se acabe. Forzarse con algo que no engancha es peor que volver por aburrimiento con un ex. La lectura no es un castigo, es como un mercado, y hay demasiada fruta buena como para insistir con una pocha.

María Pombo tiene razón, no somos mejores por leer. Pero un cerebro alimentado con libros, se nutre de fruta fresca; uno alimentado con stories, sobrevive como puede a base de chuches.

Así que no hace falta superarlo, como dice la influencer. Hace falta asumirlo: leer no te hace mejor persona, pero te da más balas. Y en un mundo donde muchas veces se discute a golpe de memes, saber disparar bien las palabras, ayuda.

Deja un comentario