CANTAR VICTORIA.

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Victoria cocina desde que tiene uso de razón. Su madre fue ayudante de cocina en el mejor hotel de su ciudad y siempre le enseñaba sus recetas y sus ‘trucos’. Lo que mejor se le da es la repostería. No sabe si disfruta más durante el proceso de elaboración del postre o cuando se lo come. En su casa, su familia le dice que debería montar una pastelería o un restaurante, ahora a eso le llaman emprender, pero ella no se considera ni emprendedora ni cocinera, dice que cocina y punto.

Esa mañana se despertó con los ojos hinchados, cansada. La noche anterior, su vecino les había avisado de que haría una cena por su cumpleaños y Victoria no consiguió pegar ojo hasta las 4. La música no estaba muy alta, pero el sueño de Victoria era ligero. Miró a su lado y vio que Sebas seguía durmiendo como un lirón… ¡no se había movido en toda la noche! Aburrida de dar vueltas en la cama, decidió levantarse. Tenía muchas cosas que hacer: esa noche iban a cenar a casa de unos amigos y se había ofrecido a llevar el postre. En ese momento se arrepentía del ofrecimiento, lo único que le apetecía era tirarle un postre pringoso a la cara de su vecino y seguir durmiendo.

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Se lavó los dientes, fue a la cocina y se puso el delantal de cuadros rojos y blancos. A Victoria le crujían las tripas. «Hambre y sueño, la mejor mezcla para mi malhumor.» Dudó si desayunar algo rápido, pero finalmente decidió ponerse manos a la obra con el postre y sacárselo de encima. Desayunaría después con su familia. Iba a hacer tocinillo de cielo, su especialidad. Abrió la despensa para buscar los ingredientes, le gustaba tener todo el material delante antes de empezar a cocinar e ir guardándolo a medida que lo iba utilizando, esa era la manera de no olvidarse de nada. Cuando cogió el paquete de azúcar, se dio cuenta de que estaba prácticamente vacío. Rebuscó en la despensa, pero los únicos endulzantes que encontró fueron miel y los polvos esos ‘saludables’ que le ponía su hija Sara al café. Podría mezclarlos con el azúcar que tenía y el postre sería más sano, pero el sabor cambiaría. No le apetecía nada ir al supermercado, pero Victoria se negaba a presentarse en casa de sus amigos con un tocinillo de cielo ‘sin azúcar’, así que volvió a su habitación y sin hacer ruido, se puso los pantalones que la noche anterior había dejado doblados sobre la butaca, cogió el plumífero y salió a la calle.

Al entrar en el súper, fue directa al pasillo del azúcar y cogió dos paquetes. Aprovechó la visita para comprar unas bandejas de cartón en las que colocaría el postre y así no tendría que llevar a casa de sus amigos una pesada fuente de porcelana. Al pasar por la sección de panadería, el olor a bollo recién hecho le hizo frenar en seco. Le pidió al panadero unos croissants, fue a la caja y pagó.

Al llegar a casa, tanto su marido como su hija seguían durmiendo. Metió los croissants en el horno para que conservasen el calor y se imaginó las caras de Sebas y Sara al despertarse y descubrir que tenían un desayuno especial. Sonrió. Padre e hija también eran muy golosos. 

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Colocó el azúcar junto al resto de ingredientes, se puso de nuevo el delantal de cuadros rojos y blancos traje de faena y al lío. Lo primero que tenía que hacer era el almíbar. Para ello, calentó agua en un cuenco y fue añadiendo el azúcar poco a poco. El truco estaba en hacer el almíbar al baño María, como le había enseñado su madre. También se puede utilizar el microondas y probablemente se ahorre tiempo, pero igual que se negó a hacer un tocinillo sin azúcar, Victoria tampoco se planteaba la opción fácil y rápida. Conseguido el almíbar, añadió el resto de ingredientes, los colocó en un molde y lo apartó a un lado. Ya solo tenía que esperar a que la mezcla se atemperase y meterlo en la nevera hasta la noche. Estaba pensando en volver a acostarse un rato, cuando escuchó que por las tuberías se movía agua. Eso significaba que alguien se había levantado. «Ya dormiré la siesta». Encendió la cafetera, sacó los croissants del horno y los puso en una fuente. Mientras estaba colocando tres tazas sobre la mesa, Sebas apareció en la cocina y le dio un abrazo por la espalda 

—Qué bien huele y qué buena pinta tienen esos croissants ¡Cómo me cuida mi mujer!— Dijo mientras le pellizcaba cariñosamente un moflete.

—Ay Sebas, no me hagas eso que sabes que no me gusta, no he pegado ojo y no está el horno para bollos—. Dijo apartándole la mano.

—Pues por cómo huele, yo creo que sí está para bollos.

 Victoria sonrió mientras le daba la espalda.

—En realidad los he comprado pensando en Sara, pero sabía que tú no te resistirías.—Se dio la vuelta, miró a su marido y le echó la lengua. 

Sebas sacó la leche de la nevera y la sirvió en una jarrita de porcelana. Cuando desayunaba solo, ponía la leche directamente del brick a la taza, pero sabía que a su mujer le gustaban esos detalles. La cabeza de Sara se asomó somnolienta por la puerta de la cocina —¡Qué bien huele!— Dijo mientras se acercaba a coger un croissant y le daba un mordisco.

Ni su marido ni su hija se habían enterado del jolgorio del vecino. Cuando terminaron de desayunar, Victoria se dio cuenta de que ya no estaba tan cansada ni de mal humor; el desayuno improvisado y la conversación con su familia le había dado energía. Metió el tocinillo en la nevera y se pasó el resto del día en casa. Comió con Sebas un guiso que había sobrado del día anterior y cuando se dio cuenta, ya se le había pasado la hora de la siesta. Tampoco tenía sueño y además, ya tenía que arreglarse para la cena.

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Sus amigos habían preparado lubina al horno y como era un plato ligero, todos tenían hueco para el postre. Victoria cantó victoria porque su tocinillo triunfó (pido perdón por el juego de palabras, sé que hay demonios que es mejor no sacar), le pidieron la receta y Victoria la compartió sin decir el truco especial del baño María. Volvieron a casa pasada la medianoche y aunque agotada, Victoria estaba contenta y orgullosa. Quizás el año que viene se ofrecería a hacerle la tarta de cumpleaños a su vecino.

2 respuestas a «CANTAR VICTORIA.»

  1. ¡¡No te haces una idea del hambre que me has dado!!
    Ha paladeado, completamente, el croissant y el tocinillo de cielo (con el almíbar al baño María).
    ¿Esto es, tal vez, un aperitivo a la espera de la novela que estamos esperando tus fanes?
    Tienes la punta del lápiz muy afilada ya (o la yema de los dedos con el toque fino, como quieras decirlo).
    ¡¡Enhorabuena, Palo!!

  2. Palo, me encanto!!
    Te veo con unas dotes maravillosas de escritora pero no solo eso, porque parece que si te dedicases a la pintura o a la repostería, tampoco estaría nada mal jeje
    La descripción del croissant hizo que de repente me imaginase chupandome los dedos de lo bueno que estaba y el almibar del tocinillo, que tantos quebraderos de cabeza me dio, mira por donde, nos descubres que se puede hacer en el micro jeje
    Cada dia me gusta más como escribes!!
    Deseando que ese libro vea la luz!! Ya sabes que me tendrás en la cola para esperar que me lo firmes
    Beso grande y ENHORABUENA !!

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