EL CORTEJO ANTES DEL WI-FI

Artículo original publicado en el periódico El Español – Quincemil el pasado 7/2/2026.

¿En qué momento hemos dejado de jugárnosla por amor?

En muy poco tiempo, el arte del cortejo (humano) ha pasado del poema lírico de estudiada rima asonante al “k tal?”.

Antes se escribían cartas de amor con tinta y mariposas en el estómago; hoy basta con un emoji y un click. Hemos pasado de temblar al escuchar la voz de su padre al otro lado del teléfono, a enviar mensajes sin tildes, sin alma y sin preocupación. Sobrevivimos a guerras, hambrunas y pandemias, sin embargo, ahora muchas relaciones se mueren ante el doble tic azul.

Hubo un tiempo en que los romances se nutrían por carta. Se pensaban las palabras, se esperaba una respuesta y si te dejaban, al menos lo hacían con buena letra. Luego llegó el teléfono fijo, que convirtió la declaración amorosa en un deporte de riesgo. Llamar a casa era una ruleta rusa: podía contestar tu futuro amor o su madre, dispuesta a interrogarte con ese tono de “¿tú quién eres y por qué llamas a mi hijita?”.

Después vino el móvil, que dio alas a quienes me gusta definir como ‘gallinas’. Ya no era necesario enfrentarse a nadie, bastaba con recargar el móvil con 5 euros y pulsar ‘enviar’. Con el móvil también se profesionalizó el rechazo: las rupturas dejaron de doler por lo que decían y empezaron a doler por lo que no te respondían.

El cortejo siempre ha consistido en una sucesión de torpezas. Pero antes, esas torpezas tenían cierta ternura: había que esperar, insistir, improvisar. Hoy el romanticismo se mide por los emojis que eliges. Si mandas un corazón rojo, demasiado intenso; si mandas uno amarillo, eres su primo hermano; si mandas una berenjena, pasas directamente al código penal y si te manda un sticker de un gatito… ¡Enhorabuena! has entrado en la ‘friend zone’.

Pertenezco a una generación que vivió la transición entre «¡me ha invitado al cine!” y “¡hemos hecho match!”. Cuando era adolescente había que salir de casa, exponerse al ridículo, pedir el teléfono en persona, jugársela. Ahora basta con deslizar un dedo. Y cuando todo se vuelve tan fácil, también se vuelve desechable. Yo conservo cartas perfumadas, entradas del cine y fotografías analógicas. Hoy, si tienes suerte, puedes guardar la conversación antes de que te bloqueen, pero nadie imprime un pantallazo de un “hola, wapa” para guardarlo en una caja de recuerdos.

Estoy convencida de que el cortejo actual necesita recuperar algo de aquella torpeza vintage. Su poquito de incertidumbre, su poquito de miedo, su poquito de no poder eliminar lo enviado. Los inicios del amor se alimentan de misterio y nervios, no de cobertura y Wi-fi.

Tengo la suerte de haber vivido esa época de valientes que se jugaban el tipo llamándote a casa, de cartas escritas a mano, de guardar chicles masticados envoltorios de chicles y entradas de cine. Y aunque alguien pueda pensar que tengo síndrome de Diógenes, prefiero eso a un “k tal?” sin tilde.

TERRIBLES TREINTAYTANTOS.

Hace unos meses escribí un tuit que a muchos señores no les hizo p*** gracia causó muchas impresiones:

La mayoría de la gente (señoras) me dijo: «Pues es verdad. Además, a los niños puedes castigarles o darles una bofetada (OJO PROTECTOR DEL MENOR), pero a los señores de TREINTAYTANTOS no». Esta afirmación la comparto a medias y a los hechos me remito: hace cuatro meses mucho tiempo a un señor yo no le pegué, pero sí que le derramé una cerveza por la cabeza (que no salten las alarmas, era Cruzcampo, no desperdiciaría una Estrella Galicia en ese menester). Y sí, lo hice con premeditación y alevosía porque el sujeto se lo merecía (tengo testigos que lo pueden corroborar). Creo que fue la única vez que ‘agredí’ a una persona; normalmente, castigar con el látigo de mi indiferencia es suficiente.

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Y es que los terribles TREINTAYTANTOS tienen tela ¿Cuánto duran los terribles dos de un niño? ¿Un año? ¿año y medio? Pero es que los terribles treintaytantos duran COMO MÍNIMO ¡¡una década!! Y ojo, porque cumplir 40 no exime al sujeto de esta pandemia que puede ser crónica, es decir, que aunque tengas 48 primaveras, puedes estar contaminado. Al contrario de lo que está sucediendo con el coronavirus, que enseguida se activan protocolos de emergencia y te encierran 14 días en salas de aislamiento para evitar el contagio, durante los Terribles Thirties, TÚ, desgraciao, puedes seguir por ahí suelto haciendo el mal.

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Conclusión: mientras esta epidemia no se erradique, tendremos que seguir aposentadas en nuestro trono de terciopelo granate, como Maria Antonieta, descartando candidatos con nuestro látigo abanico de perlas engastadas.

P.D.: que un señor porte anillo en el dedo anular, no le exime de ser un atolondrado padecer Los Terribles TREINTAYTANTOS. Ese anillo no es un escudo ni una vacuna, os advierto.

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P.D.2: Después de compartir esta cavilación con amigos varones, confirmamos que los TERRIBLES TREINTAYTANTOS son aplicables tanto a señores como a señoras (señorxs). Aquí nadie se libra ¡ESTAMOS TODES LOQUES!

Las fundadoras de «Almas veganas» comparan las jaulas de gallinas con campos de concentración y piden abandonar el consumo de huevos (Foto: Captura de pantalla)

QUEREMOS CARNAZA.

No puedes con ellos, pero te tienen enganchado. Aprietas los puños fuerte al ver esas fotos de ambos mirando al infinito y vomitas purpurina al leer sus profundas frases a lo Mario Benedetti estampadas en el cabecero de su cama. Estoy hablando de las adorables parejas que airean su amor y felicidad a los cuatro vientos. Y es que hace tiempo que el amor dejó de estar en el aire, para meterse en nuestros teléfonos, amigos. LOVE IS IN THE AIR OUR SMARTPHONE.

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GRACIAS POR TANTOS ZUMOS DE NARANJA

Superman No soy yo muy de expresar mis cursilerías sentimientos públicamente, pero este es mi BLOJ y hago lo que me da la gana. Hoy mi Superman particular se merece un huequito porque es SU día. El día de ese Superman que se teletransporta bicitransporta para sacarme del trabajo y que tiene poderes especiales para hacerme cosquillas sin tocarme. El día del Superman que cuando tengo frío se quita su capa para taparme con ella.

FELICIDADES SUPERVERGO. TOMA, COGE ESTE 8 Y TÚMBALO.