NO ES SOPLAR VELAS.

No es soplar velas, es soplar experiencias. Y miedos. Y sonrisas. Es mirarme al espejo y reconocer a la niña, a la mujer y a la persona que seré y que todavía se está actualizando.

Es saber que me he roto, que me he cosido (sin mirar ningún tutorial de Youtube) y que por el camino, he aprendido a reírme de los puntos de sutura, a convivir con mis cicatrices.

Es tener tan claros mis deseos que además de pedirlos, voy directa a por ellos con la emoción de la primera vez.

Es saber lo que quiero.

Dormir bien y despertarme mejor.

Es estar justo donde quiero estar y con quien quiero estar.

La paz ya no es una meta, es un estado.

Es tener ilusión por un amor que lo da todo sin pedirlo. Un amor con mariposas que me hacen las mismas ‘coskyllas’ que cuando cumplí quince (aunque ahora esas mariposas sean más maduras, menos mal).

Es una fecha muy especial y por eso hoy me acuerdo aún más de ti, mamá. En esta década he vivido mis días más luminosos, y también mis noches más oscuras. Y ese combo ha sido mi entrenamiento para aprender a sostenerme, a soltar y también a celebrar.

Me da vértigo cambiar de década, subir de piso. Desde esta altura ya se empieza a mirar al suelo con respeto, pero creo que gracias a todo lo vivido, estoy en mi mejor momento.

Y aún me queda mucho por vivir 🚀 

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