El miércoles es el día más esperanzador de la semana, un destello de luz en medio del caos que promete equilibrio y estabilidad. El miércoles parte la semana en dos con precisión quirúrgica, como si fuese el cirujano de nuestras rutinas, que sabe dónde cortar para no dejar cicatrices. Y por fin sale el sol. Haces deporte y te encuentras bien porque además, llevas dos días comiendo sano (el remordimiento del fin de semana todavía te acecha). Pero ya estás cerrando planes para ver dónde cenar el viernes y darte un homenaje.
El miércoles es un día muy competente: vas de compras y encuentras unos pantalones que te sientan bien. Milagro que merece ser celebrado. Te compras una barra de pan y está crujiente. Tienes toda tu ropa limpia. Y la bandeja de entrada a 0, raro momento de paz digital que te hace sentir que tienes todo bajo control.
Pero no te despistes porque el miércoles también es un día caprichoso que se presenta como el héroe de la semana, pero que trae promesas ocultas bajo esa capa brillante. Un día espejismo, donde el equilibrio parece alcanzable, pero como te relajes demasiado, mañana podrías encontrarte con una montaña de ropa sucia y una barra de pan tan dura que te serviría como arma de autodefensa.


No es mal día el miércoles. Me gusta.
Prefiero el jueves como aglutinador de esperanzas. Pero el miércoles es ese día tonto en el que, efectivamente, te pueden dar una barra de pan crujiente o proponerte un plan sorpresa inigualable.
¡Bien por el miércoles!
A mi es que hasta me gustan los domingos y los lunes! 😂😂