Varios de vosotros me habéis pedido recomendaciones de libros para verano. Libros ágiles, divertidos, que ayuden a desconectar en vacaciones.
Pues aquí van mis diez recomendaciones para meter en la maleta. No son libros que os cambien la vida, pero tampoco os harán pensar que habríais aprovechado mejor el tiempo tomándoos un mojito frente al mar (que tampoco es mal plan, pero es verano, así que se puede hacer todo).
Dentro lecturas:
‘Las reflexiones de Palo’, mi libro de relatitos, para reíros, entreteneros un rato y pensar esto también me pasa a mí. En el libro os cuento mi vida como si fueseis mis amigas. Os dejo el link por si queréis tenerlo mañana en casa (aquí hemos venido a vender ser objetivos ante todo).
‘No me gusta mi cuello’, de Nora Ephron. Relatos breves, inteligentes y muy divertidos.
‘El heredero’, de Rafael Tarradas. Saga familiar, guerra civil, secretos y muchas páginas.
‘Las gratitudes’, de Delphine de Vigan. Cortito y entrañable.
‘Los incomprendidos’, de Pedro Simón. Emotivo sin ser cursi.
‘También esto pasará’, de Milena Busquets, mi autora española favorita.
‘Qué vas a hacer con el resto de tu vida’, de Laura Ferrero. Reflexivo y fácil de leer.
‘La grieta del silencio’ de Javier Castillo. Novela negra para quien quiera disfrutar devorando capítulos.
‘La asombrosa tienda de la señora Yeom’. Un abrazo en forma de novela.
‘Todos quieren a Daisy Jones’ de T. Jenkins Reid. Sexo, drogas y Rock & Roll.
En esta lista hay humor, crisis existenciales, asesinatos, algunas personas que deberían ir a terapia y bastantes personajes que toman peores decisiones que tú y que yo en agosto a 33 grados.
Si os decidís por alguno ya me contaréis daréis las gracias.
Y si no os gusta, podéis echarle la culpa al algoritmo.
Después de muchos meses escribiendo, tachando, corrigiendo y volviendo a tachar, Las reflexiones de Palo ¡ya está en librerías!
Los ingredientes del libro son escenas del día a día que a todos nos pasan, reflexiones sobre el amor, la amistad, el destino, las casualidades y los pequeños placeres. Nada de tiempos de cocción ni gramos de harina.
Son 52 relatos breves (uno para cada semana del año), pensados para leerse con calma o entre parada y parada, mientras se enfría el café o mientras decides si hoy vas al gimnasio o te quedas viendo Netflix leyendo este libro sin ningún tipo de remordimiento.
No prometo que te cambie la vida. Pero sí espero que te robe algunas sonrisas, que te provoque algún “esto me ha pasado a mí” y que, de alguna forma, te encuentres conmigo entre sus páginas.
Si hoy tienes un hueco, puedes escaparte a tu librería de confianza y preguntar por él. En Coruña ya está disponible en Nobel y en Lume y en Madrid lo tenéis en Nebli (TROA) en C/ Serrano.
Y si eres de los que viven a toda velocidad, puedes tenerlo mañana en casa pinchando aquí:
Hay varias cosas que si las pienso, me aceleran el corazón:
¿Lo leerá mucha gente?
¿Qué pensarán cuando lleguen a la última página?
¿Cuánta gente vendrá alguien a las presentaciones?
Esas respuestas me las iréis dando vosotros poco a poco.
Gracias a todos los que me habéis preguntado durante meses:
“¿Y el libro para cuándo?”
Pues para hoy.
Palo.
P.D.: si lo ves en una librería, mándame foto. Me hará más ilusión de la que debería admitir públicamente 🙂 Y si te lo compras en Amazon, toda reseña será bienvenida y de gran ayuda.
Este año he leído VEINTISÉIS LIBROS. No sé si es mucho, poco o lo que mi algoritmo de Instagram me sugería. El caso es que he leído en sofás, en aviones, en hamacas, en la oficina trenes, en la cama.
Y aquí va, por fin, mi resumen anual, con mis implacables opiniones, apasionadas unas veces, detractoras frías otras. Honestas siempre.
—La Planta Baja, Diario de Rodaje (Simón Partal): lo he ido leyendo como se leen los libros de diarios: a ratos, con calma. En teoría es un diario de rodaje, pero a mí me ha parecido el diario del autor porque nos cuenta lo que hace, lo que siente, lo que piensa… y me da la sensación de que a veces también cuenta lo que no quiere le gusta sentir. Tiene un punto de cotilleo culto.
—Cuando cae la noche (Michael Cunningham): una novela sobre la crisis de los 40, contada por un hombre que vive en Nueva York, dueño de una galería de arte y con una vida aparentemente feliz. Y ya está. Se me ha atragantado. Mucho.
—La primera mentira gana (Ashley Elston): ligero y con algún plot twist que me despertaba justo cuando estaba a punto de mirar el móvil. Es entretenido, pero no lo recomiendo.
—Victoria (Paloma Sanchez-Garnica): maravilla. Con los libros tan ‘tochos’ tengo una relación complicada (no me caben en el bolso, ¿vale?), pero no puedo evitar que las novelas sobre el nazismo me atrapen. En este caso, mucho. Muy bien contada y ficcionada.
—Delparaíso (Juan del Val): lo leí antes de que el autor ganase el Premio Planeta. Muy obvio, ninguna sorpresa, nada wow. Se me hizo cuesta arriba. Aunque indudablemente en 2026 me leeré su Premio Planeta y volveré aquí a opinar sobre ella.
—La herencia (Helene Flood): un gusto de lectura que te atrapa desde el principio y te lo bebes en días. Juega con la fragilidad mental, el pasado que pesa y las dudas que crecen hasta hacerte pensar que igual la loca eres tú. Saltos temporales bien hechos, con tensión y ritmo. El final no me convenció, pero igualmente lo recomiendo porque el viaje merece la pena.
—A pleno sol (Patricia Highsmith): mi ejemplar lo encontré en la Cuesta de Moyano, con una portada que no sabía si me prometía verano o asesinato. Al final eran las dos cosas. Ripley es brillante, frío, inmoral y encantador. Un psicópata que te cae bien: señal de que la historia funciona. Es un libro oscuro con mucha luz. Después de leerlo, volví a ver la película.
—El nudo Windsor (S.J. Bennett): le he dado 2 estrellas en Goodreads. Y siendo generosa.
—También esto pasará (Milena Busquets): me duró dos tardes. Hablar de la muerte de una madre sin convertir el libro en un velatorio es difícil, pero la autora (que es de mis prefes) lo convierte en una reflexión valiente e irónica sobre el duelo, el deseo y la vida. No es un libro triste. Es un libro ligero sin ser superficial. Inteligente. Divertido. Y lleno de verdades dichas con elegancia. Me ha encantado y me ha hecho pensar en algo que parece evidente: hay muchas formas de vivir una pérdida y muchas maneras de contarla.
—La Asistenta (Freida McFadden): de esos libros que se te quedan pegados a las manos. No hace falta más comentarios porque seguro que ya has oído hablar de él.
—La dulce existencia (Milena Busquets): me lo leí en un suspiro, pero no fue un flechazo. Milena escribe como siempre: frases brillantes que dan ganas de subrayar. Tiene momentos muy buenos y su manera de ver lo cotidiano sigue siendo única, pero me ha sabido a poco.
—El secreto de la asistenta (Freida McFadden): caí porque el primero fue adictivo y este se lee igual de rápido. Algunas partes suenan a déjà vu del primer libro, pero eso no le quita mérito al enganche. Misterio, giros locos y ganas de seguir leyendo sin parar.
—Mi planta de naranja-lima (Jose Mauro de Vasconcelos): no soy de libros tristes o nostálgicos, pero este me enganchó fuerte. Tierno, duro, sencillo y emocionante. El protagonista, Zezé, es un niño travieso, adorable e inolvidable. Lectura necesaria que deja huella.
—Oposición (Sara Mesa): me ha gustado más de lo que esperaba. Tiene giros divertidos y se lee con esa facilidad que a veces (sobre todo en verano y tumbada en una hamaca) se agradece.
—Suave es la furia (Sash Bischoff): me atrapado a ratos porque hay momentos en los que la historia se retuerce tanto que cuesta creérsela. Además, a veces el lenguaje suena tan rimbombante que parece que el narrador se ha tragado un diccionario. El libro está lleno de referencias a Suave es la noche de F. Scott Fitzgerald. Eso, de primeras, suena bien, pero ni siquiera esas menciones han conseguido que me crea la historia.
—La boda de la asistenta (Freida McFadden): relato corto que te lees en media hora de emoción tonta. La escritora no pretendía hacer de esto el thriller del año, simplemente quiso rellenar el largo espacio de tiempo entre el libro 2 y el libro 3 de la saga.
—Madame Nadie (Mónica Pérez Sobrino): me enganchó (casi) tanto como el protagonista a sus sustancias. La historia se te mete bajo la piel, haciéndote vivirla y sufrirla. Tiene un punto oscuro que la hace adictiva. Eso sí, en mi opinión de melómana nivel básico, hay demasiadas referencias musicales (que al principio aportan, pero después me saturaban). Aun así, merece la pena.
—Delirio (Laura Restrepo): no pude terminarlo. Lo seguí leyendo por obligación (estaba de viaje y no tenía otro). Pero cuando llegué a casa y vi las otras alternativas, lo dejé (y eso que ya me había leído más de la mitad del libro).
—Podrías hacer de esto algo bonito (Maggie Smith): me lo leí muy rápido porque engancha desde el principio. Historia real, con una narración que a veces resulta un poco caótica, pero que me gustó porque me hacía entrar en su desorden emocional causado por el divorcio. A ratos victimista, pero lo entiendo, es su historia. Fácil de leer, sincero y potente. Lo recomiendo.
—Muérete Cupido (Jaime Rodríguez Pérez-Olleros): una novela muy rápida de leer y con ese punto de chulería que hace que pases un buen rato sin darte cuenta. La forma en la que retrata Madrid está muy bien lograda. Los lugares, la energía de la ciudad, sus ritmos,. Se nota que el autor conoce sobre lo que escribe.
—Éramos unos niños (Patti Smith): homenaje de la escritora a su gran compañero Robert Mapplethorpe y a los años de revelación, precariedad y arte que descubrieron juntos. A veces me perdía con tanta referencia, pero siempre volvía porque la historia de Patti Smith y Robert Mapplethorpe es magnética.
—Los incomprendidos (Pedro Simón): historia entrañable que, a la vez te da un golpe de realidad que duele. Retrato de una familia que nos deja entrar en su salón —con sus silencios, sus torpezas y sus intentos por entenderse—. Centrada en los laberintos de la adolescencia. Si su anterior libro me conquistó por la ternura, en este lo hace por la crudeza. Igual de recomendable, aunque este me ha dejado un nudo en la garganta.
—Quiero y no puedo: una historia de los pijos de España (Raquel Peláez): He querido y no he podido. Nada más que decir.
—TIM (Ray Loriga): Le he opuesto tres estrellas en Goodreads porque el final me sorprendió para bien. Pero el libro en general es una serie de divagaciones/locuritas sinsentido que a mí no me engancha. Aun así, me gusta mucho el estilo de Loriga y leerle siempre aporta.
—Todo lo que hice por dinero (Violeta Niebla): el argumento es original, tiene ritmo y es muy directo. Aunque el final se me hizo un poco largo para lo breve que es libro. De todos modos, es un buen libro que acompaña a todos lados (¡cabe en el bolso!) y cada capítulo te sacará una sonrisa.
—El susurro del fuego (Javier Castillo): todo demasiado intenso, demasiado dramático, demasiado todo pasa y todo duele. Me ha enganchado por partes y más de una vez me he quedado embobada imaginándome los escenarios que se describen de Tenerife. Pero como aquí hemos venido a ser sinceros: por mucho que me guste el autor, este libro no lo recomendaría.
Y hasta aquí mis lecturas de 2025. Ha habido libros que me han enamorado, otros que me han enfadado y alguno que me ha hecho preguntarme si ese rato de lectura debería haberlo dedicado a hacer punto de cruz.
Pero leer siempre compensa: te acompaña, te ordena y te salva en cualquier viaje. Si habéis leído alguno, contadme. Si no, ya tenéis deberes para 2026.
Estoy leyendo ‘Éramos unos niños’. Un homenaje que Patti Smith escribió a Robert Mapplethorpe y a esos años de descubrimiento, precariedad y arte. Un libro lleno de confesiones y reflexiones intensas.
Un señor con un copa de ¿anís? en Malasaña: “El futuro nunca llega, pero el camarero siempre tarda”.
El otro día fui al súper y cuando iba a pagar, me di cuenta de que había compuesto —sin pretenderlo— un bodegón gourmet: chocolate con sal, kombucha y cerveza. Mi autorretrato más fiel hasta la fecha.
Una señora en el gimnasio: “esta báscula está mal calibrada”.
Y de repente, otoño: la estación en la que cambiamos las terrazas por mantas y el tinto de verano por frenadol.
Mis últimas búsquedas en Google: Air Europa teléfono, capibara qué es, Adidas Ultraboost opiniones, Velvet Underground, Lou Reed, diferencia entre bronceado y quemadura solar.
Dicen que somos lo que comemos leemos. Si eso fuese cierto, este año yo sería una vaca una mezcla de asesinos fallidos, planetas lejanos y más drama que una película de Antena 3 un domingo por la tarde.
Aquí va mi lista de libros de este año 2024 con mi opinión sobre cada uno. Los únicos spoilers que encontraréis son las portadas y los días que me hicieron falta para terminar algunos. Así que, tanto si buscáis inspiración para hacer un regalito estas Navidades como si simplemente queréis confirmar que leo cosas raras, pasad y leed:
El nido del Cuco: es una novela intrigante en su inicio, pero que peca por predecible. Se mete demasiado en las historias pasadas de los personajes (que ya viene contando la autora desde sus primeras novelas) y eso, además de sacarme de la trama principal, hace la lectura un poco lenta. Los primeros libros de Camilla me parecieron adictivos; entiendo que es difícil mantener el listón tan alto durante tanto tiempo.
Mirafiori: sin esperar demasiado al principio, me sorprendió muy positivamente cuando la terminé. Una novela muy en el estilo de Jabois: compleja, pero a la vez ligera (me la leí en tres días). Su final te deja con ganas de volver a leerla para fijarte en nuevos detalles y exprimirla mejor. (Spoiler: no me la he vuelto a leer).
Cualquier verano es un final: Una alegoría a la amistad y al amor. Siempre me gustan los toques de humor y las observaciones ingeniosas de Ray Loriga y aquí no es la excepción, pero la trama se me hizo monótona. Perdí el interés rápidamente, aunque por supuesto, me la acabé porque soy de esas personas incapaces de dejar un libro a medias.
La guerra de los mundos: No he visto la peli, así que no puedo comparar, pero este clásico de ciencia ficción me ha gustado. La visión de futuro y la capacidad de anticipación a la tecnología de Wells, sorprende. El libro trata sobre la invasión de la Tierra por parte de los marcianos, pero Wells también toca temas como los peligros de la tecnología para el ser humano y sus riesgos (ojo al señor visionario porque lo escribió en 1898). También hay una parte psicológica, sobre las reacciones del ser humano cuando vienen cambios bruscos e inesperados muy interesante.
La asombrosa tienda de la señora Yeom: Empecé a leer este libro un poco escéptica y cuando me lo terminé, me pareció un regalo de historia, con un trasfondo muy profundo. La trama invita a reflexionar; va más allá de una simple historia.
El descontento: Ay, ay ay, como me cuesta escribir esto de la primera novela de Beatriz Serrano, cuyo humor me encanta y me inspira desde hace muchos años. Me he encontrado con demasiados toques sobre feminismo y empoderamiento, que me parecían muy forzados y me sacaban de la lectura. Me ha gustado que en estas páginas hay mucha verdad incómoda y tiene toques sarcásticos que te hacen reflexionar sobre la soledad y las crisis que todo individuo pasa en algún momento de su vida. De todas formas, mi opinión es irrelevante porque esta chica ha quedado finalista del Premio Planeta con su siguiente novela. Y yo que me alegro porque me la leeré sin ninguna duda.
Un mayo funesto: El libro me ha mantenido enganchada. La historia tiene ritmo e intriga, pero a veces tenía que volver atrás y releer porque perdía el hilo con tantos personajes y relaciones cruzadas. Soy rubia ¿vale?
Los misterios de la Taberna Kamogawa: Lectura que combina misterio y gastronomía. Cada capítulo es independiente de los demás, pero todos tienen un nexo en común: La Taberna Kamogawa, sus platos y su ambiente. La descripción de cada plato es tan evocadora, que si antes ya tenía ganas de ir a Japón, después de leerme este libro me he puesto a mirar vuelos para probar su gastronomía in situ (mientras tanto, he reservado en un restaurante Omakse que me han recomendado en Madrid).
La grieta del silencio: y como siempre, no puedo dejar de recomendar las novelas de Javier Castillo. Droga pura.
Book lovers: novela de comedia romántica más predecible que la frase ‘tenemos que hablar’ seguida de malas noticias.
Ensayo general: Sentido del humor, historias del día a día contadas de una manera que parece sencilla, pero no lo es. Lectura genial para leer en tiempos muertos. Me encanta Milena Busquets, su naturalidad y su forma de contar la cotidianedad de la vida.
La última función: No hay duda de que Luis Landero escribe de diez, pero esta obra no me enganchó nada de nada. Supongo que no ‘eres tú, soy yo, Luis’, pero he necesitado varias tazas de café para terminármelo.
Cuando la tormenta pase: su anterior novela me encantó y esta, aunque tiene partes que me han parecido surrealistas, no he podido parar de leérmela. Deseando que salga la siguiente.
Qué vas a hacer con el resto de tu vida: Otra novela de Laura Ferrero hablando sobre una familia imperfecta. Tiene cierto toque de tristeza y aún así (no me atraen las novelas tristes) me ha encantado. Su manera de contar las cosas cotidianas y de expresar sentimientos te atrapa y te mete de lleno en la historia.
Un animal salvaje: A muchos ex novios les damos 2, 3 e infinitas oportunidades, así que yo decidí hacer lo mismo con Joel (el hecho de que me hubiesen regalado el libro también tuvo algo que ver). De una manera u otra, me alegro de haberle dado otra oportunidad porque me he reconciliado con él.
La historia tiene bastantes giros en los que me iba quedando con la boca abierta… De esos libros que te enganchan hasta el punto de estar deseando tener un hueco para leer ¡Qué sensación más buena es esa! 48 horas me ha durado.
Todo final es un comienzo: novela romántica que me ha dejado muy templada. Quizás sean las expectativas que tenía con la autora, pero no ha habido ningún giro que me sorprendiese, como sí me pasa con otros textos de esta escritora. Muy predecible todo.
La sexta trampa: Tercer libro de la trilogía de El Cuarto Mono. Si no te has leído los anteriores, recomiendo leerlos seguidos. El libro engancha, pero hay demasiadas referencias a esos libros anteriores y yo ya no me acordaba. Además, me he liado con tanto personaje. A lo mejor es porque sigo siendo rubia (y no tengo intención de dejar de serlo).
Día: la novela llamó mi atención por su enfoque diferente, narrando el día 5 de abril en tres años distintos (2019, 2020, 2021). Esta estructura permite ver cómo el tiempo y las circunstancias cambian nuestra vida en un periodo corto de tiempo. Es fácil empatizar con la historia ya que trata temas como las crisis de pareja o el encierro durante la pandemia.
El Clan: último libro de la serie de Elena Blanco. No es el que más me ha gustado, pero sigue siendo adictivo con varios giros que te dejan con la boca abierta. Algunas partes de la novela mantienen el toque ‘gore’ propio de la autora los autores. El final me impactó tanto que la noche que terminé de leérmelo, soñé que una banda armada me secuestraba (no es spoiler, es mi subconsciente).
Y por último y no menos importante, os dejo el libro de vuestra escritora, influencer y amiga de confianza. Si todavía no os lo habéis leído… YA ESTÁIS TARDANDO. Podéis comprarlo PINCHANDO AQUÍ.
Besos y Feliz Navidad a todos, queridos fanes. Gracias por seguir leyéndome un año más. Espero que sigáis acompañándome mucho tiempo.