no quiero normalizar esta locura.

Escribir es un trabajo bastante solitario.

La mayor parte del tiempo eres tú delante de una pantalla en blanco y un montón de ideas que funcionan muy bien en tu cabeza, pero al escribirlas, ya no tanto.

Pero llega la Feria del Libro y te encuentras con personas que se acercan porque la portada les ha llamado la atención. Abrazas a familiares y amigos que vienen a verte. Le pones cara a gente que lleva años leyéndote. Compartes caseta con libreros que te hacen un hueco y te hacen sentir como en casa.

“Me encanta leerte.”

“Qué ilusión verte aquí”.

“Por fin encuentro a una escritora que me engancha.”

“Gracias por sacarme siempre una sonrisa.”

No es mi primera Feria del Libro, pero esto sigue pareciéndome extraordinario. Es imposible normalizarlo. Y es poco profesional que me pase a mí, pero me quedo sin palabras.

Mi respuesta es daros las gracias a vosotros por acercaros, por llevaros mi libro, por regalarme un rato de vuestro tiempo y por estar al otro lado.

HE HECHO LA COBRA.

Después de 50 días confinados, a los runners (y no tan runners), nos han dado el alta para salir a correr. He dudado mucho si salir o esperar, pero ayer algo en mi interior hizo que volviese a ser una niña de siete años en la noche de Reyes. Me he despertado cada dos horas, nerviosa, contenta (y soñando que no me podía tocar la cara). Así que a las 7:30, cuando abrí los ojos he pensado: ‘voy a por mi merecido regalo‘.

Me he emocionado al ponerme mi ropa, calzarme mis zapas y salir a la calle. Al llegar al Paseo Marítimo se me pusieron los pelos de punta al ver el mar, un pasito, otro pasito ¡estoy corriendo! Al principio había gente, pero se podían mantener perfectamente las distancias. Esto lo digo porque sé que si el finde pasado les tocó a los niños padres, este finde nos toca a los runners: los medios nos van a regañar. Es verdad que a partir de las 8:30 había zonas que parecían El Corte Inglés el primer día de rebajas. Yo crucé a la acera fea desde la que no se ve el mar y que estaba vacía y decidí volver a casa. Me he quitado el mono y ahora estoy con la misma sensación que después de terminar una carrera (tengo sueño, pero la cabeza me va a mil). Desde mi punto de vista, la gente en general se apartaba y guardaba distancias. Excepto un chico que me adelantó y se puso tan cerca que la que se tuvo que apartar fui yo. Llevaba dos meses sin hacer una cobra, me ha alegrado comprobar que hacer cobras y correr es como andar en bici, no se olvida.

Hoy soy muy feliz.