Hoy he leído: «Una ventana mal cerrada, una puerta entreabierta por la que llega un poco de luz. Sin lo invisible no veríamos nada, estaríamos en total oscuridad» y me he acordado de la semana pasada, cuando el resfriado empezaba a dejarse ver y yo quería salir de casa, pero decían que llegaba temporal, lluvia, viento (y vaya si llegó).
Así que me quedé, más por obligación que por ganas.
Y cuando fui a mi cuarto para hacer la cama, vi el arcoíris por todas partes y me alegré por haberme quedado. Cuando los rayos de sol entran por mi ventana, lo invisible pasa a ser evidente. La belleza de lo cotidiano.




Eso es, «la belleza de los cotidiano» que tantas veces no nos paramos a ver.
Hacía mucho que no me dejaba ver por aquí, pero no he tenido una temporada bastante achuchada. Eso sí, no he dejado de leerte, Ídola.
Tanto hacía que parece que se me ha olvidado escribir, de hecho. No he dado una en el anterior comentario. ¡Jesús!
Espero que las cosas vayan mejorando. Estas cosas están para leerlas cuando apetezca, no por obligación! Mil gracias siempre 😊