UN DÍA (POCO SOSTENIBLE) CONMIGO.

Como me muera sin conocer a George Clooney, reuniré a todos los coach motivacionales que me han hecho creer en mis sueños y los tiraré al contenedor de lo orgánico.

**Artículo original publicado en el diario digital El Español – Quincemil el 17/5/2025.

6:45. Me despierta el ruido de un millón de cristales rompiéndose a la vez. El contenedor de vidrio bajo mi ventana ha vuelto a ser protagonista de mi desvelo. Me froto los ojos “¿De verdad hace falta reciclar tanto?” A estas horas todavía soy demasiado inmadura como para pensar en el medio ambiente. Mi fantasía es despertarme con el aroma del café recién hecho. Café recién hecho por cierto actor americano cuyo nombre artístico empieza por George y termina por Clooney. Spoiler: ocurre con poca frecuencia no ocurre nunca.

6:50. “Alexa, pon las noticias en volumen bajo, a ver si ‘la idea del día’ de Donald Trump me duerme otra vez”. Me enredo con el nórdico (el edredón, no Thor), pero no consigo mi objetivo. En las noticias hablan de un microchip para implantárselo a la gente olvidadiza. Me imagino el eslogan: “¿Se te olvidan las cosas? Implántate nuestro ‘Recuperador de Memoria’ y llévate gratis dos botellas de Jägermeister. Si al día siguiente tienes lagunas, te devolvemos el dinero”. A lo mejor dejo de escribir libros y me dedico al marketing.

7:25. Me levanto y enciendo la cafetera. Otro día más sin que George Clooney me haga el café. Le mando un mensaje a mi padre felicitándole por su cumpleaños (me parece una hora demasiado violenta para llamar por teléfono) y rápidamente me tomó el café.

7:45. Salgo a correr porque el masoquismo deporte también tiene horarios. Nada más pisar la calle me congelo “¿Cómo es posible? ¡Estamos en mayo!” Me quejo. Mi subconsciente responde: “Porque en Coruña la humedad no perdona”. Hablo mucho sola conmigo misma. Si alguien inventa un microchip antimonólogos, que me avise.

8:45. Vuelvo a casa. Lo más duro no es haber corrido 10K, sino esquivar a señores trajeados con pinta de anuncio de colonia. Con esta cara roja de panadera victoriana post-horno, no me apetece socializar.

8:50. Me doy una ducha que dura mucho más de lo sostenible para el medio ambiente. Continuamos en horario inmaduro.

9:10. El desayuno es un ritual sagrado: tostadas con salmón y aguacate. Mi compromiso con este plato es más sólido que muchos matrimonios.

9:35. Me siento delante del ordenador flanqueada por el segundo café del día y las tostadas, que me miran con devoción.

12:30. Pausa romántica: llega mi amor verdadero de la mano del repartidor de Amazon. Son unos pantalones cortos para correr. Victoria del consumismo. Nunca se tiene demasiada ropa de deporte.

14:00. Abro la nevera: salmón, pepinillos y un trozo de limón que ya ha vivido demasiado. Plan B, llamo a una amiga para invitarla a comer a la pizzería que han abierto al lado de su casa. Este es el tipo de amiga que soy, generosa hambrienta. Nueva victoria para el consumismo.

15.30. Voy al súper y lleno la nevera.

17:45. Pausa dulce: cuatro onzas de chocolate. La vida mejora con chocolate. Da igual a qué hora leas esto.

19:05. Me llama otra amiga para ir de compras y tomar un vino. Obviamente digo que sí. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que el consumismo y la amistad, son dos pilares fundamentales en mi vida.

21:20. Ya en casa, caliento una crema de verduras que he comprado en el súper y que pretende compensar mis excesos.

21:50. Por consideración al frío a la humedad, me envuelvo en una manta tan mullida como el lomo de una oveja y enciendo una vela. Empiezo a escribir sobre mi día bajo el título “Un día conmigo”. 

22:25. La realidad me golpea: no he bajado la basura ni tampoco he reciclado las cápsulas de café. Victoria para el cambio climático. 

22:30. Cambio el título de la entrada de mi diario: Un día (poco sostenible) conmigo.

23:00. Me acuesto y escribo en el chat de amigas: “Os prometo que como me muera sin conocer a George Clooney, reuniré a todos los coach motivacionales que me han hecho creer en mis sueños y los tiraré al contenedor de lo orgánico”.

QUERIDO DIARIO.

Me he despertado un poco revirada. Hoy hace dos meses que me comunico contigo a través del arcoíris… Sé que es tu manera de decirme que estás ahí, cuidándonos. Por cierto, no recuerdo ninguna otra época en la que viese al arcoíris tantos días seguidos. Con sus siete colores perfectamente delimitados, curvados y colocados uno encima de otro, ya sea sobre el mar, sobre el campo o en mitad del cielo… Da igual dónde, pero casi todos los días aparece para saludarme. Porque sé que me saluda A MÍ. Recuerdo el que nos mandaste el 1 de enero. Nunca lo había visto tan grande e intenso ¡además era doble! Mucho se habla de la belleza de la aurora boreal y poco de la del arcoíris. Siempre valoramos más las cosas que no tenemos.

A la vista de mi mañana convulsa, a las 11 decidí despegarme de las sábanas y salir a correr. Es la mejor medicina. El Retiro sigue cerrado por culpa de Filomena, así que me he dirigido hacia el Paseo de Pintor Rosales. Al llegar allí, me he puesto a correr sin rumbo, solo quería respirar y ahogar las penas en el aire fresco, no me gusta ahogarlas en alcohol, porque antes o después vuelven a salir a flote y con más intensidad, si cabe. De repente y no sé cómo, he llegado a uno de los accesos del Parque del Oeste ¡Pensaba que estaba mucho más lejos! De todas formas, también estaba cerrado, Filomena se ha encargado de que nos dejen sin parques una buena temporada, aunque por lo menos aquí tenemos bares, las terrazas están a tope. He bordeado un lateral del parque, subiendo por la cuesta del Paseo Moret y al llegar a la cima me ha llamado la atención el contraste entre el clásico Arco de la Victoria y la moderna Torre de Telecomunicaciones.

Miradores con grandes vistas en Madrid - Blog Viajes El Corte Inglés

Me recuerdan a la pareja formada por Nicolás Sarkozy y Carla Bruni ¡Yo que sé! Así es mi mente.

Carla Bruni and Nicolas Sarkozy spend New Year's eve in Marrakech -  Moroccan Ladies

Me he quedado parada mirando ambos monumentos unos segundos, haciéndome la interesante, pero en realidad quería disimular que se me estaba saliendo el corazón por la boca. Esa cuesta era un reflejo de mi mañana convulsa, pero las cuestas tienen fin y las mañanas también… Una vez recobrado el aliento he vuelto a casa a una velocidad bastante decente. Al llegar, mi pulsómetro decía que había corrido 11 kilómetros ¡Cómo me gusta correr con sol y frío! Estaba renovada. Si me quedaban miguitas de pena, he terminado de ahogarlas en la ducha. Hasta otro día, que sé que volverán, pero hoy ya no.

A mediodía, había quedado para comer en casa de Lucía y Diego, que también invitaron a un amigo suyo, sueco; yo creo que la intención era emparejarlo con alguien. Antes de comer, el sueco sacó una botella ENORME de un brebaje típico sueco. Empezó a servir dicho brebaje en vasitos de chupito. Yo le dije que si estaba loco, que todavía estaba digiriendo las tostadas que me había zampado después de correr. Diego, Lucía y el amigo sueco se tomaron un par de chupitos mientras el instigador del piripismo recitaba un poema en un idioma incompresible. Nos contó que era un ritual sueco que se canta en los eventos especiales, como cuando alguien se compromete o cuando Ikea lanza un nuevo mueble, supongo.

Quico Em Mamãe Querida GIF | Gfycat

No alargamos mucho la sobremesa porque todos los comensales excepto yo, estaban del revés estábamos en la terraza y empezaba a refrescar, así que decidimos bajar a dar un paseo por el Barrio de las Letras. Me encanta esa zona. Aunque había bastante gente, conseguimos mesa en una terraza, frente a un edificio que me gustó mucho “Podría ser de Gaudí”, dije aun a riesgo de sonar pedante delante de mis amistades. Me pedí un café con Baileys porque soy una señora y dejé que la humeante taza calentase mis manos, mientras imaginábamos los futuros viajes que queremos hacer ‘cuando todo esto pase’. Yo comento que quiero ir a Canadá, pero en esa mesa todos tienen otras prioridades… Excepto el sueco, que me dice que se viene conmigo. Yo me hago la sueca lo regateo diciéndole que iré con mi familia. No me gustan los rubios tan rubios.

PEOPLE.com — Happy Birthday Blake Lively

Al terminar nuestras bebidas y sueños, retomamos el paseo y vagamos sin rumbo durante media hora, hasta que sin darnos cuenta llegamos a San Ginés. Todos los años yo digo que mi flor favorita de San Valentín son los churros. Y no sé si llegar hasta ahí ha sido por accidente o fruto del destino, pero me siento en la obligación de romper la promesa de cuidar mi alimentación. Entro en la mítica chocolatería y me pido un chocolate y media docena de churros para llevar, porque ¿qué día es hoy? No puede ser casualidad. 

Churros GIFs | Tenor

Al llegar a casa veo que me han puesto un churro de más, así que ceno siete churros, como los colores del arcoíris y un tazón de chocolate. Los saboreo lentamente mientras miro el jarrón de la mesa de centro. Ya va tocando comprar flores nuevas, me apetecen hortensias.