LA LISTA DE LA COMPRA.

A septiembre llegamos con la capacidad intelectual de una tostada, así que hay que tomárselo con calma. 

En septiembre se empieza de nuevo, ya sea para retomar rutinas, rehacer la lista de la compra con el fin de eliminar los kilos ganados canónigos, pavo, queso fresco o para ponerse nuevas metas.

Septiembre es para ilusionarse, incluso con cosas que sabemos que no vamos a cumplir. Septiembre es para los reencuentros y para lucir moreno, y por moreno no me refiero a un señor de África, pero todo puede ser porque septiembre es un gran momento para volver con sorpresas. 

Septiembre es buen mes para hacerse un rebranding a uno mismo si es necesario. Yo hace dos septiembres decidí cortarme el pelo. Mucho. Ahora me lo estoy dejando crecer, pero este septiembre me gustaría aprender a ser un poco más misteriosa. Sentarme sola en una cafetería con el ordenador y que el camarero me vea tan absorta, que piense que estoy escribiendo el principio de mi próximo libro, aunque yo en realidad esté pensando en la lista de la compra. Arroz, champiñones, chocolate negro. 

También me gustaría ponerme seria con el running y volver a mis tiempos de cuando era joven antaño, creo que ahí ya me estoy enfilando y voy por buen camino. Correr es también un momento en el que me evado y puedo tener cara de sufrimiento concentrada, de misteriosa, aunque esté pensando en lo más banal. Pan Bimbo, plátanos, crema de cacahuete.

Otra cosa que no me propongo porque me sale sola, pero que no me gustaría perder: seguir disfrutando de la cotidianidad, de las cosas pequeñas y no complicadas. Ir a la tintorería, ver que la mancha de vino sigue en el pantalón blanco y sonreír en vez de gruñir, porque me lleva al momento en el que el vaso se derramó en mi pierna. Naútico de San Vicente, música, puesta de sol. Menos mal que el pantalón era de Zara. Lejía, suavizante, yogures, piña.

Cuidado con la piña que estamos en la hora golfa, mejor me llevo unos higos, que están en temporada.

PRIMEROS DÍAS DE AGOSTO.

En estos primeros días de agosto me he terminado dos libros. Uno de relatos cortos, que me encantó y otro sobre una historia de un pueblo de lo que ahora llaman La España vaciada. Este último no me enganchó nada y me costó acabármelo ¿Cómo es esa sensación de estar leyendo un libro que no te engancha? Esa sensación de no tener ganas de tumbarte al sol para sumergirte entre sus páginas, o de que llegue el momento de irte a la cama con él (seguimos hablando de un libro). Yo soy de esas personas que aún así, tengo que acabármelo.

Sé que lo más inteligente sería dejarlo, al final estoy perdiendo tiempo para leer otras cosas que me enganchen y diviertan de verdad, o para entrar en un bucle infinito haciendo lecciones de francés en Duolingo o para comer conguitos con ansia viva, pero hay algo en mí que no me permite dejar un libro a medias.

Con las personas NO me pasa lo mismo.

EARLY BIRD.

Excepto para el dulce, soy early bird para casi todo. Para el dulce no, porque es por la tarde cuando el chocolate me pone ojitos y yo no me resisto. Por eso me gusta desayunar una tosta de salmón con aguacate en vez de granola con plátano. Soy early bird porque por la mañana tengo la mente más despejada para escribir. Y a la hora de estudiar, siempre he sido más de madrugar que de trasnochar. Y esto también aplica para el deporte: morning run, morning gym. Conclusión: prefiero poner las calles que quitarlas (esto no aplica al fin de semana, me gusta cerrar bares).

Ayer me invitaron a correr con el Running Club de Oysho. Y la quedada era a las 20:00 en la explanada de Riazor. Estábamos a 29 grados, sí, 29 grados en La Coruña dindi siempri lluivi. Y la perezosa que llevo dentro no paraba de repetirme: ‘es mejor correr por la mañana, es mejor correr cuando no hace calor que te mareas, es mejor correr en ayunas porque si no, te sientes pesada y se te revuelve el estómago’. Blablabla. Pues de un manotazo mandé a esa vaga al sofá y yo me fui a correr. Y resulta que me encantó correr tan acompañada. Y resulta que hice un tiempo bastante aceptable. Porque tiraron de mí, sí, pero la que ponía una pierna delante de la otra era yo. Y resulta que llegué a casa con las endorfinas por las nubes y la perezosa que llevo dentro, en cuanto me vio la cara de felicidad, saltó del sofá y fue a esconderse debajo de la cama.

Correr en Madrid ya me aburría, lo confieso. La perezosa que llevo dentro intentaba retenerme con mil excusas: ‘si corres con tanto frío te vas a poner enferma, si corres con este calor te vas a desmayar, correr dando vueltas al Retiro es aburrido’. Y creo que por una vez, a esa vaga no le falta razón. Este año he corrido muy poco y en consecuencia, he empeorado muy mucho mis tiempos. Fuera motivación.

Pero llevo un mes en La Coru (dónde correr es un regalo) y poco a poco siento que la runner que llevo dentro vuelve. Si quiero correr acompañada para que me piquen y tiren de mí, como ayer, tendré que cambiar alguno de mis hábitos y horarios. Lo del desayuno salado espero poder mantenerlo, aunque dicen que tomarse un plátano a primera hora te da energía para todo el día (la rima ha sido accidental, disculpadme por ser tan genial #poetisadepalo).

Dentro motivación.

HELADO DE LIMÓN.

Empiezo a escribir esto en medio del mar, acunada por el agua y bajo los efectos de una botella de vino que ya ha quitado bastantes piezas del Jenga que es mi cerebro.

El sol se derrite en el horizonte como si fuese un helado de limón. Me gusta pensar que es por el efecto de la luna, que desde el otro lado del cielo desprende una energía casi tangible y sin mostrarse del todo, le pone ojitos de adolescente con ganas de comerse un helado la vida.

Siento el cerebro denso como la mantequilla fría, así que me lanzo al mar. Diez minutos después, envuelta en la toalla, releo lo que he escrito. Me quedo embobada mirando al cielo, no cambio ni una coma. Me gusta la actitud de la luna, tiene la fuerza de alguien que vive abrazando los sueños, creyéndose capaz de derretir al sol.

LAS CANCIONES DEL VERANO.

Para conocer las verdades del universo no hace falta leer a Platón o Aristóteles. Para conocer las verdades del universo solo hay que escuchar las canciones del verano (las canciones de antes, no las de ahora que solo hablan de ‘oh mami, dame más’).

Por ejemplo, las grandes filósofas Sonia y Selena dijeron la primera gran verdad: “cuando llega el calor los chicos se enamoran”.

Otro ejemplo con otra gran verdad, salió de esa corriente llamada Azúcar Moreno: “si no quieres discutir y te quieres divertir escúchame bien ¡solo se vive una vez!”.

Las lista es bastante infinita, pero aquí tengo límite de letras, así que si en este momento las verdades mencionadas no te sirven pa’ná porque, por ejemplo, vives en Galicia dónde no para de llover y no hace calor (la aplicación del lema de Sonia y Selena sería compleja), os dejo una letra universal y de libre interpretación: Aserejé, ja deje tejebe tude jebere. Sebiunouba majabi an de bugui an de buididipí.

En esta foto estoy estoy bailando y cantando esa canción para invocar al dios sol, a ver si se deja ver un poquito (aunque no soy filósofa, soy muy apañada y me busco la vida).