Hoy he leído: «Una ventana mal cerrada, una puerta entreabierta por la que llega un poco de luz. Sin lo invisible no veríamos nada, estaríamos en total oscuridad» y me he acordado de la semana pasada, cuando el resfriado empezaba a dejarse ver y yo quería salir de casa, pero decían que llegaba temporal, lluvia, viento (y vaya si llegó).
Así que me quedé, más por obligación que por ganas.
Y cuando fui a mi cuarto para hacer la cama, vi el arcoíris por todas partes y me alegré por haberme quedado. Cuando los rayos de sol entran por mi ventana, lo invisible pasa a ser evidente. La belleza de lo cotidiano.
El domingo, mientras sufría una profunda resaca, cortesía de una degustación desordenada de cerveza, vino y ginebra, intenté escribir para ver si conseguía salir de ese bucle de desasosiego. En lugar de claridad mental, conseguí un mareo que me hizo visitar el cuarto de baño. Al final me rendí y me entregué a mi sufrimiento tapada con la manta.
Recuerdo que la televisión me avisó de que el mando a distancia necesitaba pilas y yo pensé que ambos compartíamos agotamiento transitorio.
Al día siguiente, encendí el ordenador para retomar lo que había empezado.
“Escribir, apuntar cosas me da paz”.
Confirmo que la ausencia de dolores resaca también me da paz.
Escribir tiene en mí un efecto anestésico. Me gusta escribir pensando que nadie me va a leer juzgar. Más bien como si no me importara que lo hicieran. Sin adornos ni grandes palabras. Como si hablara sola.
Muchas veces, cuando escribo para mí es como una noche de invierno en la que alguien me invita a entrar en su casa. Y al abrir la puerta soy yo misma la que me recibe. Me ofrezco una copa de vino tinto (en invierno no hay nada que me reconforte más) y empiezo a charlar conmigo delante de la chimenea y con la televisión apagada. Todavía no le he cambiado las pilas al mando.
Dicen que somos lo que comemos leemos. Si eso fuese cierto, este año yo sería una vaca una mezcla de asesinos fallidos, planetas lejanos y más drama que una película de Antena 3 un domingo por la tarde.
Aquí va mi lista de libros de este año 2024 con mi opinión sobre cada uno. Los únicos spoilers que encontraréis son las portadas y los días que me hicieron falta para terminar algunos. Así que, tanto si buscáis inspiración para hacer un regalito estas Navidades como si simplemente queréis confirmar que leo cosas raras, pasad y leed:
El nido del Cuco: es una novela intrigante en su inicio, pero que peca por predecible. Se mete demasiado en las historias pasadas de los personajes (que ya viene contando la autora desde sus primeras novelas) y eso, además de sacarme de la trama principal, hace la lectura un poco lenta. Los primeros libros de Camilla me parecieron adictivos; entiendo que es difícil mantener el listón tan alto durante tanto tiempo.
Mirafiori: sin esperar demasiado al principio, me sorprendió muy positivamente cuando la terminé. Una novela muy en el estilo de Jabois: compleja, pero a la vez ligera (me la leí en tres días). Su final te deja con ganas de volver a leerla para fijarte en nuevos detalles y exprimirla mejor. (Spoiler: no me la he vuelto a leer).
Cualquier verano es un final: Una alegoría a la amistad y al amor. Siempre me gustan los toques de humor y las observaciones ingeniosas de Ray Loriga y aquí no es la excepción, pero la trama se me hizo monótona. Perdí el interés rápidamente, aunque por supuesto, me la acabé porque soy de esas personas incapaces de dejar un libro a medias.
La guerra de los mundos: No he visto la peli, así que no puedo comparar, pero este clásico de ciencia ficción me ha gustado. La visión de futuro y la capacidad de anticipación a la tecnología de Wells, sorprende. El libro trata sobre la invasión de la Tierra por parte de los marcianos, pero Wells también toca temas como los peligros de la tecnología para el ser humano y sus riesgos (ojo al señor visionario porque lo escribió en 1898). También hay una parte psicológica, sobre las reacciones del ser humano cuando vienen cambios bruscos e inesperados muy interesante.
La asombrosa tienda de la señora Yeom: Empecé a leer este libro un poco escéptica y cuando me lo terminé, me pareció un regalo de historia, con un trasfondo muy profundo. La trama invita a reflexionar; va más allá de una simple historia.
El descontento: Ay, ay ay, como me cuesta escribir esto de la primera novela de Beatriz Serrano, cuyo humor me encanta y me inspira desde hace muchos años. Me he encontrado con demasiados toques sobre feminismo y empoderamiento, que me parecían muy forzados y me sacaban de la lectura. Me ha gustado que en estas páginas hay mucha verdad incómoda y tiene toques sarcásticos que te hacen reflexionar sobre la soledad y las crisis que todo individuo pasa en algún momento de su vida. De todas formas, mi opinión es irrelevante porque esta chica ha quedado finalista del Premio Planeta con su siguiente novela. Y yo que me alegro porque me la leeré sin ninguna duda.
Un mayo funesto: El libro me ha mantenido enganchada. La historia tiene ritmo e intriga, pero a veces tenía que volver atrás y releer porque perdía el hilo con tantos personajes y relaciones cruzadas. Soy rubia ¿vale?
Los misterios de la Taberna Kamogawa: Lectura que combina misterio y gastronomía. Cada capítulo es independiente de los demás, pero todos tienen un nexo en común: La Taberna Kamogawa, sus platos y su ambiente. La descripción de cada plato es tan evocadora, que si antes ya tenía ganas de ir a Japón, después de leerme este libro me he puesto a mirar vuelos para probar su gastronomía in situ (mientras tanto, he reservado en un restaurante Omakse que me han recomendado en Madrid).
La grieta del silencio: y como siempre, no puedo dejar de recomendar las novelas de Javier Castillo. Droga pura.
Book lovers: novela de comedia romántica más predecible que la frase ‘tenemos que hablar’ seguida de malas noticias.
Ensayo general: Sentido del humor, historias del día a día contadas de una manera que parece sencilla, pero no lo es. Lectura genial para leer en tiempos muertos. Me encanta Milena Busquets, su naturalidad y su forma de contar la cotidianedad de la vida.
La última función: No hay duda de que Luis Landero escribe de diez, pero esta obra no me enganchó nada de nada. Supongo que no ‘eres tú, soy yo, Luis’, pero he necesitado varias tazas de café para terminármelo.
Cuando la tormenta pase: su anterior novela me encantó y esta, aunque tiene partes que me han parecido surrealistas, no he podido parar de leérmela. Deseando que salga la siguiente.
Qué vas a hacer con el resto de tu vida: Otra novela de Laura Ferrero hablando sobre una familia imperfecta. Tiene cierto toque de tristeza y aún así (no me atraen las novelas tristes) me ha encantado. Su manera de contar las cosas cotidianas y de expresar sentimientos te atrapa y te mete de lleno en la historia.
Un animal salvaje: A muchos ex novios les damos 2, 3 e infinitas oportunidades, así que yo decidí hacer lo mismo con Joel (el hecho de que me hubiesen regalado el libro también tuvo algo que ver). De una manera u otra, me alegro de haberle dado otra oportunidad porque me he reconciliado con él.
La historia tiene bastantes giros en los que me iba quedando con la boca abierta… De esos libros que te enganchan hasta el punto de estar deseando tener un hueco para leer ¡Qué sensación más buena es esa! 48 horas me ha durado.
Todo final es un comienzo: novela romántica que me ha dejado muy templada. Quizás sean las expectativas que tenía con la autora, pero no ha habido ningún giro que me sorprendiese, como sí me pasa con otros textos de esta escritora. Muy predecible todo.
La sexta trampa: Tercer libro de la trilogía de El Cuarto Mono. Si no te has leído los anteriores, recomiendo leerlos seguidos. El libro engancha, pero hay demasiadas referencias a esos libros anteriores y yo ya no me acordaba. Además, me he liado con tanto personaje. A lo mejor es porque sigo siendo rubia (y no tengo intención de dejar de serlo).
Día: la novela llamó mi atención por su enfoque diferente, narrando el día 5 de abril en tres años distintos (2019, 2020, 2021). Esta estructura permite ver cómo el tiempo y las circunstancias cambian nuestra vida en un periodo corto de tiempo. Es fácil empatizar con la historia ya que trata temas como las crisis de pareja o el encierro durante la pandemia.
El Clan: último libro de la serie de Elena Blanco. No es el que más me ha gustado, pero sigue siendo adictivo con varios giros que te dejan con la boca abierta. Algunas partes de la novela mantienen el toque ‘gore’ propio de la autora los autores. El final me impactó tanto que la noche que terminé de leérmelo, soñé que una banda armada me secuestraba (no es spoiler, es mi subconsciente).
Y por último y no menos importante, os dejo el libro de vuestra escritora, influencer y amiga de confianza. Si todavía no os lo habéis leído… YA ESTÁIS TARDANDO. Podéis comprarlo PINCHANDO AQUÍ.
Besos y Feliz Navidad a todos, queridos fanes. Gracias por seguir leyéndome un año más. Espero que sigáis acompañándome mucho tiempo.
Ilusión. Miedo. Experiencia acumulada. Mariposas en el estómago que ahora ya saben conducir. Fantasmas del pasado aunque ya están polvorientos. Vértigo. Inseguridades. Seguridad en ti misma. Madurez. Perder la cabeza, pero con casco. Sentirte adultescente. Crecer, pese a que ya pensabas que estabas en la cima. Evolucionar. Sinceridad. Vulnerabilidad. Sin miedo al ridículo.
Aceptar sus manías, y las tuyas también. Reíros de ellas. Un amor de 365 días, no de un 14 de febrero. Flores. Pero también cafés compartidos en tazas de publicidad y domingos de peli y manta sin glamour maquillajes. Trabajo en equipo. Esforzarse y disfrutar de ello. Abrazar(se). Cuidar(se). Proteger(se). Saber que el amor no es idílico ni perfecto, pero es increíble. Construir, a veces sin manual de instrucciones. Improvisar. Potenciar las virtudes del otro. Sorpresas sin fecha en el calendario. No todos los días se comerán perdices, pero siempre habrá algo bueno que compartir.
El amor ya no es un juego de poder. No es un toma y daca. No es una competición. Ahora el amor es un juego inocente de niños grandes.