Me gusta escribir, me gusta aprender, me gusta hacer deporte, me gusta bailar, me gusta la cerveza, la tortilla con cebolla y la pizza con piña. No todo el mundo es perfecto.
Me gusta observar, darle vueltas a lo que veo y transformarlo en palabras. Me gusta ponerle ironía a lo cotidiano y dejarlo por escrito. Muchos de nuestros problemas son absurdos y me gusta dejar constancia de ello.
Este fin de semana he tenido mucho de eso que me gusta. He ido a varias exposiciones que me han hecho pensar sobre el paso del tiempo, sobre cómo la creatividad siempre ha existido y también me he preguntado si los bancos de los museos están ahí de adorno o si la gente realmente los utiliza para mirar el móvil las obras que tienen delante.

En la Cuesta de Moyano he visto muchos libros y he manoseado demasiadas portadas. Mientras me lavaba las manos, me he acordado de que en casa tengo una buena montaña de libros pendientes y he decidido alimentarla con un libro de Patricia Higsmith, famosa autora que, siendo sincera y poco pedante, no tenía el gusto de conocer.

Me ha gustado ir al cine a empacharme de palomitas ver The Alto Knights, la última peli de Robert De Niro. El señor interpreta a dos personajes en la misma película. La peli me gustó mucho, aunque mientras escribo este texto, orgullosa con mi productivo fin de semana, me doy cuenta de que un señor de 80 años, probablemente haya tenido un fin de semana más intenso que el mío.
Por supuesto, también he bebido cerveza y me he dedicado a la gastronomía, que la cultura alimenta el alma, pero mi estómago tiene otras prioridades y se expresa con rugidos que ningún museo ha conseguido acallar.

Un buen fin de semana que, además de vivirlo, me gusta escribirlo.
Y si sigo a este ritmo, también me va a gustar dormir la siesta.


