¿Quién iba a decir que el amor también iba a revolucionar mi cocina, mi cama armario y mi paragüero?
Hoy, día de San Valentín, me parece un buen momento para contar algunos ‘antes y después’ en mi vida desde que he pasado de ser soltera a ser NADA SOLTERA:
Antes, elegir un plátano era toda una ciencia de precisión porque si me compraba más de dos, se terminaban estropeando. Ahora disfruto de la tranquilidad de comprar un racimo sin el drama de que se descompongan ¡Viva la madurez compartida!
Soltera me las arreglaba con un paraguas plegable que me cabía en el bolso, pero ahora he descubierto que dos cabezas ocupan más que una y he tenido que invertir en un paraguas grande. Confirmo que en el amor, el tamaño importa.
Antes, mi cama era mi reino donde podía estirarme sin límites. Ahora se ha convertido en un campo de batalla (por las sábanas).
Soltera siempre buscaba un plan. Ahora, mi novio es mi mejor plan y cada día se ha transformado en una estrategia conjunta para decidir si nos lanzamos a las calles o si nos quedamos bajo la manta.
Antes, si desaparecía el último yogur de la nevera solo había una culpable. Ahora, por lo menos puedo fingir indignación.
Y así es como el amor ha revolucionado mi vida frutero. Antes tenía que elegir los plátanos con precisión quirúrgica para asegurarme de que estaban en su punto y evitar la putrefacción. Pero tras varios plátanos pochos, he aprendido que para elegir el plátano perfecto hay que saber buscar la madurez, la firmeza y el toque de dulzura.
Pon un plátano en tu vida.
¡Feliz San Valentín!

El único fruto del amor.
