Hace poco, ordenando en casa me encontré con un CD de la enciclopedia Encarta ¿Os acordáis de la enciclopedia Encarta? Si habéis nacido a partir de los 90 probablemente no, pero si ya tenéis más años que el sol habéis nacido antes, lo recordaréis igual que yo ¡El Google de los 90! Ese CD azul me transportó a la época del cole; a esas tardes consultando la enciclopedia Encarta para hacer los trabajos que me mandaban. A mí me parecía increíble que TODO lo que necesitaba saber cupiese en ese CD azul. Buscaba: «diseccionar una rana”, y ahí salía todo el proceso, paso por paso. A día de hoy, me parece increíble que en el cole nos enseñasen a diseccionar una rana y no nos enseñasen a pelar una gamba, pero eso ya es otra historia.

Rememorar esos tiempos colegiales también me hizo acordarme de la historia de P y C. A lo largo de la vida, todos nosotros a través de nuestras vivencias creamos nuestra propia ‘enciclopedia de la vida’. Y P y C, cada uno por su lado, tenían la suya:
Estaba la enciclopedia de P, con páginas llenas de música indie, jazz nivel medio y chocolate. Festivales en verano. Catas de cervezas. Poner lavadoras sin desteñir la ropa. Libros. Sumar con los dedos. Madrid. El running. La Estatua de la Libertad. El miedo a los aviones. Ghosting. Pasarse horas mirando a las estrellas.
La enciclopedia de C estaba llena de cartas náuticas y motos. Saber con muchos días de antelación si iba a hacer viento. Multiplicaciones por números de dos y tres cifras sin calculadora. Postres de señor mayor. Arroz con leche. Cañitas rellenas de crema. Trucos de magia. Prisión Break. Palomitas dulces. Orden y planificación. Muchos excels. Mario Conde. Nueva York. La cerveza en copa helada.
Después, P y C se enamoraron y compartieron sus enciclopedias, enseñándose todo el uno del otro; como niños que presumen de sus juguetes: ‘¡mira mi muñeco!’, ‘¡mira mi monopatín!’. Me di cuenta de que en las relaciones, es importante conocer la enciclopedia del otro, tratar de entenderla y hacerla propia, creando una nueva enciclopedia común.
En esa enciclopedia común, P y C aprendían juntos mientras se reían viendo Sexo en Nueva York. Escuchaban canciones y se emocionaban porque todas les recordaban a ellos. Crucigramas. Acostarse pronto. Se corregían las faltas de ortografía y a veces dormían en un barco viendo las estrellas. Acostarse tarde. Sándwiches de trufa: “20 pavos por esto, ¿te lo puedes creer? Está más bueno el que me haces tú”. Problemas que no son problemas. Soluciones.
Es importante mantener actualizadas nuestras enciclopedias de la vida; aprovechar que son ilimitadas e infinitas, que no tienen que reducirse al espacio de un CD azul, y seguir aprendiendo. Y no pasa nada si de vez en cuando tienes que borrar archivos llamados: DiseccionarUnaRanaEnCincoPasos.txt, que para eso ya está la enciclopedia Encarta Google.
También es importante no dejar nunca de comer gambas.






