Pocas veces somos conscientes de que estamos siendo felices. Me refiero a ser feliz a tiempo real, en plan qué feliz soy, como estoy disfrutando de este momento; normalmente nos damos cuenta después. Pero de un tiempo a esta parte, yo intento tener la consciencia muy presente en esos ‘pequeños momentos de felicidad’, como dice el título de un libro que tengo, así que como parece ser que el verano se acaba el sábado (no quedan días de verano, cantaba Amaral), quiero decirle adiós plasmando mis 30 momentos de felicidad estival. Pasen y lean, que hoy estoy loca mística:
—Firmar en la feria del Libro de La Coruña (empiezo fuerte con uno de los momentos del verano, del año y de mi vida, probablemente).

—Volver a La Coruña casa huyendo del calor de Madrid.
—Dormir (por fin) sin aire acondicionado.
—Abrazarme al nórdico.
—Me refiero al edredón, no a un señor rubio noruego.
—Una copa de vino escuchando el cencerro de las vacas de fondo —suena bruto como un arao, pero el momento es tan idílico que si compartes el vino con alguien, hasta te puedes llegar a enamorar (siempre y cuando ese alguien no sea la vaca)—.
—En Asturias.
—Ir a la playa por la mañana cuando todavía no hay mucha gente.
—Aquella jarra de sangría blanca en Formentera que nos nubló la memoria.
—Y la vergüenza.
—Comprarme unos pendientes de un rayo en una feria de artesanía, ponérmelos al momento y pensar que nadie más los iba a tener.
—24 horas sola en Formentera.

—Sentirme la más hippy de la isla.
—Que una persona que no conozco me escriba por Instagram para decirme que ha visto a una chica leyendo mi libro en Bali.
—Sí, BALI, Tailandia.
—Dos regalos de santo muy especiales.
—Llegar a Marbella y sentirme en ‘casa’.
—Parar el coche en medio de la carretera para hacernos fotos ver la puesta de sol.
—En Comillas.

—Bañarme en el agua helada del Atlántico y volver a la toalla creyéndome una supermodelo. El mar me hace sentirme inmortal.
—Cuando en los mil conciertos a los que he ido, sonaba una canción que me sabía y la gritaba hasta quedarme sin voz.
—Arreglarme antes de salir a cenar y ver que tengo la cara roja-morena de la playa.
—¿Ya he dicho que vieron a una chica leyendo mi libro en Bali?
—Volver a correr después de meses lesionada.

—Abrazar a Bosco.
—Que me devolviese el abrazo con otro aún más largo.
—Nadar en el mar.
—»No sé qué va a pasar mañana».
—Correr entre pinos por caminos de tierra.
—Volver a la rutina después de semanas de desenfreno.
—Mi pelo verde que aunque he luchado infructuosamente por eliminarlo, en el fondo me parece divertido y original tener el pelo verde sin habérmelo propuesto.
—Escribir con calma nada más levantarme.
—Darme un baño en la piscina a las 21:00.
—Cenar pad Thai en un barco.
—Leer a la sombra.

—Perder un pendiente en un concierto (no era el del rayo) y encontrarlo después en la capucha del chubasquero.
—Un perrito caliente a las 3 a.m.

—“Esta noche estoy revoltosa”.
—Muchas ganas de volver a Madrid
—Comprarme el billete.
—Mojar pan en el aceite que sobra en la tabla del pulpo.
—Mojar pan en la salsa de unos mejillones tigre.
—Mojar pan.
—Mojar.
—Cena de primos.
—Concierto de Taburete.
—Desconectar de la vida social, que estaba demasiado estimulada, en Marbella en septiembre.

—Paseo al lado del mar viendo el atardecer.
—Una siesta en la playa escuchando las olas de fondo.
—Despertarme porque se me estaba cayendo la baba, supongo que del gustazo.
—Cerveza helada después de un día de playa.

—Ensalada con tomates de pueblo.
—Madrid en septiembre, volver a estimular mi vida social.
—Los reencuentros.
He empezado el post muy chulita, diciendo que sería una lista con TREINTA momentos; decidí poner ese número sin pensarlo y la lista se me ha ido de las manos, pero soy rubia, soy de letras y las reglas están para saltárnoslas, sobre todo en verano si las pongo yo.
¡Hola otoño! Parece que también te vienes revoltoso.

Para eso está la vida. Para disfrutarla.
¡Mis «dieses»!
No me gusta nada el palabro, pero hay que ser DISFRUTÓN 😉