Escribo estas líneas bajo los efectos de los antihistamínicos. Dopada. Somnolienta. Con la cabeza más pallá que pacá, así que no me hago responsable de las opiniones vertidas en este textito (aunque el titulo del post NO está mal escrito).

Alergia primaveral o calor veraniego, pero todo a la vez no, por favor. Pues a mí me falta el apartamento en Torrevieja para llevarme el pack completo.
Esta mañana, mientras hacía recados por mi ciudad, me encontré con una ex compañera del cole, que en su momento no me caía bien. Intenté hacer el amago de coger el móvil para disimular haciendo como que hablaba por teléfono, pero no me dio tiempo. Es lo que tiene estar dopada, los reflejos brillan por su ausencia. Ya lo decía Lance Armstrong ¿o era al revés?
—Uy Palo, ¿qué te pasa en los ojos? ¿Te emociona verme o es que La Coruña te produce nostalgia? —me dijo mi ex compañera del cole.
En ese momento, me arrepentí de no haberme puesto las gafas de sol pese a la niebla matutina típica de La Coruña.

—Tengo alergia— respondí más seca que la frente de una momia. Tuve ganas de preguntarle el motivo de que ella tuviese el pelo del color del agua sucia de fregar, pero como, aunque alérgica, soy educada, me contuve y me despedí.
—Te dejó que tengo prisa, que alergia verte.
Mi ex compañera del cole se quedó mirándome como las vacas miran al tren pasar. Que los términos alergia y alegría solo se diferencien por la colocación de una letra es una de las mejores fantasías de nuestro idioma.
No sé si tiene mucho sentido lo que os he contado o si esto os reafirma en que lo mío es un caso de diván, pero ya sabéis, todo es producto de vuestra imaginación los antihistamínicos; hoy tengo el talento justo para hacerme unas palomitas y ver el debate. No me pidáis que desenfunde mi mejor pluma.

