CON LA P DE PARAGUAS (Y PACIENCIA).

Desde que empezó 2026, en España no hemos tenido invierno. Hemos tenido un rosco.

El bote de Pasapalabra cayó hace una semana, pero nosotros seguimos atrapados en nuestro programa meteorológico. La atmósfera española está concursando fuerte. ¡Empezamos!:

Con la G de Goretti, apareció la primera borrasca del año, como esa amiga intensa que dice “pasaba por aquí, de casualidad” y termina reorganizándonos la vida y el peinado los planes. Pasapalabra.

Después, con la H de Harry, llegó la segunda, con acento y carácter británico: mucho viento, pocas disculpas. 

Y cuando aún estábamos guardando las macetas, irrumpió la I de Ingrid, tan elegante, tan nórdica, tan “vengo a airear un poco esto que huele a cerrado”. Pues nos aireó hasta los pensamientos. Pasapalabra.

Con la J de Joseph, que sonaba a señor formal y discreto nos confiamos. Error. Si Joseph no levanta la voz es porque ya lo ha desmontado todo. El chiringuito, el tendedero y el toldo del bar de Paco. 

Con la K de Kristin, asumimos que vendría algo suave, pero no. Lluvia en horizontal. Paraguas en ángulo de supervivencia. Pasapalabra.

Con la L de Leonardo, imaginamos un galán renacentista, equilibrado, armónico. Lo que llegó fue viento con comportamiento de batería de heavy metal.

Con la M de Marta, bajamos la guardia. Nombre cercano. De confianza. Hasta que entendimos que era de las Martas que no vienen… Arrasan.

Y ahora estamos con la N de Nils, que no sabemos si es una borrasca o el cabeza de cartel de un festival techno escandinavo. Pasapalabra.

Solo tenemos clara una cosa: con la P de Paraguas, está el accesorio que ha dejado de ser objeto y ha pasado a ser extremidad. 

Yo, por mi parte, estoy considerando suplementarme emocionalmente con la V de Vitamina D y renovar mi armario con la Z de Zapatos (impermeables, por supuesto).

Rosco completado.

Premio: un pack de calcetines húmedos y un paraguas torcido que aunque no cierra, acompaña.