Ayer, a última hora de la tarde, con 30 grados a la sombra, decidimos irnos de after-work a una calita con vistas y con un chiringuito que nos encanta para ver la puesta de sol. Es cierto que todo esto está al lado de una zona chunga delicada, pero en nuestra cabeza parecía una postal: cala tranquila, luz dorada, baño relajante y luego cervecita con vistas. Un plan sin fisuras.

Llegamos en moto, con náuticos, camisas veraniegas, mi sombrero y mi cesta de paja, como recién salidos de un catálogo de verano de El Corte Inglés 2004.
El ambiente, en cambio, era un catálogo distinto: nadie con un peso inferior a 90 kilos, bafles a todo volumen, gritos, olor a Ducados y a infancia difícil, cordones de oro en el cuello y tatuajes de pistolas y nombres mal escritos.
Aun así, ya que estábamos y habíamos llegado vivos (y conjuntados), decidimos quedarnos y meternos en el agua. Estábamos a remojo, charlando como dos turistas felices en nuestra propia ciudad, cuando de repente cayó una piedra del tamaño de una naranja justo entre los dos.
Cosky, en su papel habitual de tranquilizador oficial, me dijo que seguro que había sido un niño con una pelota. Una pelota con alma de roca, pensé. Yo no necesitaba más pistas: nos querían echar. Y lo gestionaron con bastante eficacia.
Mientras nos secábamos y recogíamos dignamente nuestras cosas (es decir, huyendo con disimulo), unas señoras de carácter fuerte me gritaron:
—¡Chica, chica! ¿Tú tienes seguro médico privado vas al solárium? ¡Estás bronceada como una galleta dorada!
Yo les sonreí y les dije que el bronceado era de barco me lo trabajaba mucho. Me sentí halagada, claro, aunque también un poco señalada.
Al final, nos refrescamos y no nos robaron. Ni nos insultaron. Solo nos apedrearon. Y la cervecita en el chiringuito no nos la quitó nadie. Así que dentro de lo que cabe, fue una buena tarde.
Eso sí, el próximo día que quiera un after-work de postal, me voy con mis náuticos, mi sombrero y mi bronceado de galleta dorada a un barco, que allí los únicos proyectiles que hay que esquivar son los de las gaviotas.


