Ilusión. Miedo. Experiencia acumulada. Mariposas en el estómago que ahora ya saben conducir. Fantasmas del pasado aunque ya están polvorientos. Vértigo. Inseguridades. Seguridad en ti misma. Madurez. Perder la cabeza, pero con casco. Sentirte adultescente. Crecer, pese a que ya pensabas que estabas en la cima. Evolucionar. Sinceridad. Vulnerabilidad. Sin miedo al ridículo.
Aceptar sus manías, y las tuyas también. Reíros de ellas. Un amor de 365 días, no de un 14 de febrero. Flores. Pero también cafés compartidos en tazas de publicidad y domingos de peli y manta sin glamour maquillajes. Trabajo en equipo. Esforzarse y disfrutar de ello. Abrazar(se). Cuidar(se). Proteger(se). Saber que el amor no es idílico ni perfecto, pero es increíble. Construir, a veces sin manual de instrucciones. Improvisar. Potenciar las virtudes del otro. Sorpresas sin fecha en el calendario. No todos los días se comerán perdices, pero siempre habrá algo bueno que compartir.
El amor ya no es un juego de poder. No es un toma y daca. No es una competición. Ahora el amor es un juego inocente de niños grandes.